Plantasia Oil Co.

-entrevista- Adrián Balseca, Ecuador.


N24, Quito, Ecuador – 2021
Fotos: Martina Alvarez Orska y Alexander Alcocer, cortesía de N24 y el artista.


Con una investigación persistente y un cuerpo de obra que recurre a lo empírico para interpelar, el artista ecuatoriano Adrián Balseca desarrolló en la galería N24 de Quito la exposición Plantasia Oil Co. donde refleja las contradicciones y la compleja realidad que atraviesa la Amazonía con la industria petrolera.

La instalación esta compuesta principalmente de una colección de plantas endémicas de la Amazonía que han crecido sobre latas de aceite de motor, pesticidas, solventes de limpieza, entre otros productos que utiliza las industrias transnacionales que trabajan en la selva.

También esta acompañada de una selección de fotografías de la Clínica Ambiental, realizadas entre 1987 y 1992, escogidas para la muestra por el Archivo Visual Amazónico, espacio virtual creado para integrar, preservar y mostrar imágenes de la Amazonía.
Este registro aporta un marco contextual sobre la catástrofe socio ambiental que se vive en territorios Amazónicos de Ecuador desde finales de la década de los sesenta, como consecuencia de la extracción de petróleo por parte de empresas trasnacionales.

El jardín de Balseca expone la deforestación, la contaminación y el extractivismo que ha venido destruyendo diversos contextos naturales y sus dinámicas sociales, como también vislumbra la capacidad de resiliencia y supervivencia de las plantas, las cuales florecen sobre contenedores tóxicos.
Esta visión post-natural del jardín de PLANTASIA OIL Co. invita a concebir otras formas de estar y ver las plantas, entre la inteligencia de la vida y lejos de la representación excesivamente «naturalista» de los trópicos.

» (…) el jardín contenido en PLANTASIA OIL Co. de Balseca, si bien ponen de manifiesto la estrecha relación entre la biodiversidad amazónica y la industria petrolera, proporcionan, no obstante, otra forma de relacionarse, en cualquier lugar, con paisajes en decadencia. Al ofrecer una forma de jardinería que también cuestiona la narrativa misma de la destrucción, el carácter heterotópico de la instalación permite una alternativa a lo natural que no la idealiza como una expresión de un «desierto indómito». Siendo un jardín que necesita ser plantado y cuidado durante el transcurso de la exposición, esta heterotopía en medio de extensiones urbanas y ruinas modernas, nos invita a inclinarse, a trabajar, a cuidar, y a apreciar la naturaleza fugaz del entorno que nos rodea. En ese sentido, el Archivo Visual Amazónico sirve como testimonio y memoria de las devastadoras consecuencias de las utopías creadas por el hombre. En conjunto, no obstante, la yuxtaposición de ambos pondera la capacidad destructiva del hombre contra la igualmente poderosa capacidad de la naturaleza para adaptarse y prosperar, aunque estos procesos no quieran necesariamente coincidir con las temporalidades, necesidades y/o escalas humanas.» extracto del ensayo del Colectivo Rewilding.

En conversación con el artista profundizamos sobre esta propuesta, la cual ofrece otras lecturas sobre nuestra relación con la naturaleza y el poder de supervivencia de las especies.

M.L.M.: En tu producción artística, hay un claro interés por las dinámicas extractivas y sus impactos ambientales, como así también aquellos procesos históricos y económicos asociados al paradigma de la modernidad. ¿Cómo surge el interés por abordar estos temas en tu obra?

A.B.: Hablar del entorno inmediato, desde una perspectiva amplia es algo que me ha llamado desde siempre. Tratar de vincular mi propia relación con mi cuerpo, la salud o mi propia economía, han sido ejes dinamizadores de mis procesos de investigación, llevándome a repasar acontecimientos históricos, políticos y económicos más grandes, que han modelado el lugar que habito.
Obras anteriores como: Medio Camino (2014), Mar Cerrado (2016) o The Skin of Labour (2016) me han posibilitado marcos de investigación-creación, para rastrear diversas sendas que nos llevan al origen del tardocapitalismo en mi país, así como permitirme aproximar a sus caminos adyacentes, que han configurado el modelo extractivo capitalista en el que vivo.

M.L.M.: «Como espacio heterotópico, el jardín de Balseca presenta tanto una visión distópica de la destrucción moderna, como un viso de la capacidad de la naturaleza de reconstituirse, de manera que enfatiza las muchas contradicciones de nuestra relación con ella». ¿Cuáles son algunas de las contradicciones que te interesan vislumbrar y/o explorar en PLANTASIA OIL Co.?

A.B.: La “gran división» entre cultura y naturaleza tiene varias aristas, que en distintos proyectos he tratado de abordar. En PLANTASIA OIL Co. Siento que hay un marcado interés por explicitar esta relación, es así que durante el tiempo de la exposición varias especies nativas vegetales han habitado esta selección de recipientes creados por la industria petrolera. En muchos de los casos, los recipientes son productos para exterminar plantas y limpiar campos de cultivos. Las ciudades como vector de la acumulación de riqueza (como el caso de Quito) dan cuenta de esa acumulación de petrocapitales, es así que para mí los proyectos de paisajismo y jardinería urbana muestran el marcado interés de las ciudades por reconstituir una idea de paisaje y naturaleza indómita, en muchos casos con mayor o menor éxito. Para el proyecto me interesaba justamente traer ese jardín urbano al espacio frío y aséptico de la galería, remarcando la condición de artificio en el que la naturaleza habita en las ciudades. Las plantas de la instalación sobrevivían a las condiciones de aislamiento dentro de la galería gracias a un foco de sodio que ayudaba al proceso de fotosíntesis de estas.

M.L.M.: ¿Cómo viviste el proceso de trabajo e investigación para la exhibición PLANTASIA OIL Co. en este contexto particular de pandemia?

A.B.: El proyecto nace justamente en una cuarentena forzada en la que por fortuna tuve la oportunidad de habitar una casa con gran jardín y huerta. La imposibilidad misma de viajar a un Parque Nacional o a un espacio fuera de la urbe, me hizo adoptar otra consciencia sobre el entorno natural en el que vivía. La obra es sin duda una respuesta
El proyecto habilitó el encuentro entre especímenes industriales, recipientes metálicos para el almacenamiento de derivados de petróleo (todos ellos conseguidos meticulosamente entre Canadá y Estados Unidos desde una lógica virtual) y una vasta selección de especies vegetales nativas de la región amazónica. Por un lado, la crisis sanitaria me impidió la posibilidad de realizar una investigación presencial para encontrar dichos recipientes y por otro, me permitió localmente realizar mi primer viaje fuera de la capital tras el período de cuarentena. Viajé a la ciudad de Nueva Loja, provincia de Sucumbíos, donde personalmente pude conocer las más de dieciséis especies que conformaron la instalación.