Tempietto de Alonso Bello en LOCAL Arte Contemporáneo

Alonso Bello, Chile.

LOCAL Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, Chile ~ 2026
Fotos: Felipe Ugalde, cortesía de LOCAL




Texto por Javier González Pesce:

“Todo lo que tiene movimiento innato tiene conocimiento, y cualquier materia que tiene este movimiento innato es cognoscente. Sin embargo, de acuerdo con los distintos movimientos son producidos los distintos conocimientos. Porque el conocimiento vive en el movimiento como el movimiento vive en la materia”
Margaret Cavendish


Una primera imagen que surgió como el reflejo de un espejo mental, fue la de una bandada de aves que vuelan sobre el mar con un trayecto que copia las sinuosidades de su oleaje. Como si entre la superficie del agua y el grupo de pájaros hubiese una lonja de aire inalterable, que nunca se achica ni extiende. Las suaves barrigas emplumadas se reflejan en el mar como si fuesen diseños de geometrías aéreas en movimiento. En la exhibición “Tempietto”, de Alonso Bello en LOCAL Arte Contemporáneo, este movimiento se neutraliza, alojando la versión escultórica de este vuelo que se extiende paralelo a la superficie del agua, ahora como un gesto emergente, una verticalidad que fija un punto. Ese vuelo, trazo tan horizontal y en movimiento constante, ahora queda congelado, como representado a partir de la rigidez y la detención. La extremidad como obelisco. Un Brazo, una cabeza, un ala. Partes corporales que se erigen, tiesas como cuando el cuerpo se quiere prolongar hacia arriba imitando a una antena. Estas partes emergen, en este caso, desde el agua, un poco como cuando alguien nada y sus extremidades rompen la horizontalidad, o cuando alguien se ahoga y los brazos se asoman desde el líquido animados por la desesperación. Fuera del peligro de sumergirse hasta la asfixia, un brazo en alto es un gesto para hacerse notar, empinarse. Pienso en Brancusi y su fijación con lo vertical, en esa hazaña de la materia por negar la tendencia a lo horizontal, trazar líneas materiales, torres que se equilibran para estirarse lo más cerca posible del cielo, concretando entonces el deseo de la metafísica espiritual de conectar los planos terrenales y celestes (por medio de torres materiales). En el caso de Alonso, sus torres son una especie de superposición de elementos, un sándwich de cosas. Estas siempre parten como máquinas y terminan orgánicas, formas que imitan (o en definitiva son) partes corporales. La torre es entonces una asociación entre dos cosas: la de abajo hace de suple; la de arriba se empina usando a la primera como plataforma. Esa parte inferior de cada pieza, que bien podría ser un plinto, es, en este caso una máquina, impresoras voluminosas. No olvidemos que Local, desde 2025, es un espacio inundado, la mitad inferior de cada escultura queda sumergida, sosteniendo por sobre el nivel del agua a la mitad superior. La parte sumergida se ve desfigurada por el movimiento del agua que juega con nuestra óptica, haciéndonos ver a la máquina como si fuese un barco hundido, un naufragio, el testimonio de un fracaso. 

En nuestro tiempo hemos podido observar como una de las misiones de la tecnología es achicar todo cuerpo técnico-funcional hasta casi conquistar la desaparición. La extrema digitalización del mundo se ha convertido en una empresa para compactar y disolver la materia. Estos aparatos que son parte de la exhibición (las impresoras) -una especie de reliquia futurista y testimonio material de que la tecnología también padece lo corporal- se convierten en islas que sostienen a la parte (de forma) orgánica a flote, secas, a salvo del ahogo. Pareciera esta figura (estructural de la exhibición) proponer una vista catastrófica del presente; la vida humana parece estar configurando islas de supervivencia asociadas a unas formas tecnológicas que, cual iceberg, se están achicando (desintegrando). Todo cuerpo del sistema tecnológico parece estar en un proceso de rediseño de su corporalidad que la hace asemejarse a una pastilla efervescente en contacto con el agua: en estado de reducción exponencial. La pregunta es, ¿llegará el momento en que esa base que nos sostiene se confundirá indistinta con el ambiente? e, imposible de distinguir del mundo, ¿lo inundará todo? ¿Esta omnipresencia será una forma de asfixia? ¿Qué parte del mundo conocido podría ahogarse en un ambiente colmado de la presencia trans corporal de la tecnología y cuáles serán las islas que tendremos que inventar para empinarnos lejos de su alcance?  Así como el buso que asciende veloz corre el riesgo de colapsar físicamente, reventarse al mínimo respiro, es posible que estemos transformando todo ambiente que habitamos en un medio del que, ante el intento de escapar, no quede otro desenlace que la catástrofe.

Un pájaro robot, así como si fuese un agente de inmigraciones, escanea nuestros rasgos y nos recita un poema algorítmico. “Tempietto” de Alonso Bello, ha convertido Local en un territorio donde el cuerpo de máquinas obsoletas se convierte en una plataforma para poder respirar y un ave cyborg nos improvisa poemas personalizados artificialmente inteligentes. Cuando la naturaleza sea poseída por la tecnología, los cadáveres de los robots (hardware des-electrificado) serán las piedras del futuro y el fósil ideal para encontrar los testimonios y rastros que hablen de nuestra vida en el presente.  

Volvamos a la imagen inicial. Ese grupo de pájaros que parece trazar el espesor de una información biológica desconocida, como una coreografía del vuelo y vínculo de los seres vivos con el entorno natural, pudiese ser una situación en extinción. Y si la tecnología 5G y sus ondas invisibles pueden desorientar a las abejas hasta la extinción, ¿puede ser que la milenaria tradición de las aves costeras de sobrevolar el mar en misteriosas y bellas coreografías sea reemplazada por los códigos técnicos de un mundo tecnologizado hasta sus confines? La naturaleza del mundo digital y la del mundo natural se animan en sistemas enlazados misteriosos. Los vestigios y gestos de la realidad digital están conquistando terrenos mientras reemplazan otras formas de existencia. Estamos en un punto del desarrollo de la técnica humana, donde no resulta inverosímil pensar que el futuro del paisaje pueda encontrarse animado por un enlace de gestos y materias naturales y artificiales. Podríamos estar entrando en una era en donde la biología expandida del mundo devenga cyborg.