Rama toricida ~ Paulina Mellado

Paulina Mellado, Chile.

MAC Quinta Normal, Santiago de Chile, Chile ~ 2026
Fotos: cortesía de la artista.



Texto por Javier Gónzalez Pesce:

Paulina Mellado es una artista que toca el paisaje. Conociendo su trayectoria, me parece que partió trabajando a partir de metodologías escultóricas que podríamos decir, guardan similitud con la manera en la que un pájaro que construye su nido (o se relaciona vitalmente con el entorno). Siempre recogiendo palos, ramas, tejiéndolos con fibras, alambres, enredándoles pelo. De alguna manera pareciera ser que los antecedentes constructivos de interés se sitúan en la forma en que las aves dialogan con elementos materiales del paisaje, una ramita que cae del árbol, un pasto seco, un pedazo de hebra, todas estas partes se encuentran en una práctica que edifica a partir ellas, construyendo como quién genera un enredo, delgadas edificaciones, una pelusa dura. 

En la medida que su trabajo progresa, pareciera ser que estas edificaciones, sin necesariamente dejar de ser frágiles y delicadas, tienen la capacidad de engullirnos. Uno ya no se pone ante una escultura o una pintura, uno ingresa en una composición (híbrido de escultura, instalación y pintura) que recibe al cuerpo como lo hace el paisaje; uno queda adentro. El nido se volvió cueva. Pareciera ser que su trabajo se ha engrosado hasta volverse espacialmente envolvente, su práctica se ha convertido en lugar, una especie de paisajismo escultórico o de escultura como un dispositivo para hacernos experimentar ambientes como estímulos dimensionales. Ahí, adentro del trabajo de Paulina, nos volvemos sensibles espectadores de un panorama que siempre dialoga con el paisaje y la naturaleza. Si en un comienzo elementos frágiles edificaban formas delicadas, proyectos como este, nos hacen pensar que en realidad lo delicado comienza a ser el mundo como un sistema. 

Esta práctica de la experiencia inmersiva es también sensible en su diálogo con el mundo natural, el que ahora no se expresa sólo como el ambiente del que se recogen materiales (como hace el pájaro). La naturaleza, y nosotros como especie y parte de esta, estamos en un estado de crisis. El paisaje ya no es una realidad que solo se altera a propósito de las estaciones. El mundo se está calentando desde dentro, las partículas de lo que está vivo se aceleran distorsionando las posibilidades del futuro material y orgánico del mundo. Entonces, estos ambientes construidos por Paulina son esculturas especulativas, una fantasía materializada del devenir de este planeta en crisis. Si los pintores impresionistas podían mirar con la distancia que genera el paisaje, parece ser que el estado de catástrofe actual nos sitúa siempre dentro. El entorno natural se está acelerando, revolucionando en su orgánica y, de alguna manera convirtiéndose en una especie de ola o tornado potencialmente infinito. Estamos acostumbrados a ponernos ante el mundo como una sucesión de paisajes, lo que de alguna manera implica la posibilidad de una calma fotográfica, una docilidad potencial del ambiente, pero vertiginosamente avanzamos hacia un estado de alteración del medio que nos deje siempre sumergidos en un estado vorazmente catastrófico del medio natural; el comportamiento de la biología en el antropoceno avanzado. 

Entonces una práctica instalativa radical se vuelve el medio adecuado para enfrentar la misión de representar la naturaleza del futuro, retratando la falta de distancia, la imposibilidad de experimentar el mundo apartados de la inmersión. Si la naturaleza del pasado se ofreció fotográfica, sus disposiciones futuristas nos la proponen hiper-acelerada, en estado de agitación, donde la cercanía inmersiva parece ser la única perspectiva posible (un poco como la experimentó pictóricamente Turner). El paisaje del futuro es una tormenta infinita. 

Esta propuesta imagina un futuro material rebalsado, acuoso; inundaciones, ambientes humedecidos, filtraciones en cada estructura imaginable. Esta lectura apocalíptica (con raíces en posibles devenires de nuestro futuro material), se convierte entonces en el argumento para generar una serie de situaciones; fuentes, acuarios, paneles, esculturas o intervenciones. Estas, así como tradicionalmente opera el arte, dialogan con el mundo como modelo, en este caso el modelo no es el mundo en presente, pero un mundo futuro imaginado, una especulación que se vuelve instalativa. Pero más que ver estas partes por separado, como “momentos” dentro de la exhibición, son más bien puntos que, como un sistema, configuran un territorio sensible. Esta exhibición es un lugar, un ambiente, así como un bosque o el interior de una nube, un continuo material que empuja a la experiencia y al intelecto a complementarse. Una instalación que se vincula con el futuro en clave científico-especulativa desde una perspectiva ambiental. 

Ya proponía al comienzo que Paulina es una artista que toca el paisaje. En esta instalación, nos hace ingresar a un espacio en el que nos permite tener una experiencia sensible en un ambiente que se propone hacer contacto con una naturaleza del futuro.