
Llave de paso ~ Camilo Ortega
Camilo Ortega, Chile.
Isabel Croxatto Galeria, Santiago de Chile, Chile ~ 2026
Fotos: cortesía Isabel Croxatto galerýa y artista
Agua viva y Agua muerta por Diego Maureira:
El dinero se encuentra ligado con la lluvia. El propio tiempo meteorológico sirve de índice del estado del mundo. La bienaventuranza carece de nubes, no ha oído jamás hablar del tiempo. Habrá un reino sin nubes de los bienes perfectos sobre los cuales nunca lloverá el dinero.
Walter Benjamin
El agua es el origen y motor de la vida en la tierra, un recurso abundante y elemental para el desarrollo de los procesos biológicos y moleculares que permiten entre otras cosas nuestra existencia. Incluido el pensamiento. Si la IA piensa, genera contenido o vive procesos de aprendizaje, lo logra a través del consumo de litros y litros de agua. Es así como desde hace un tiempo los recursos naturales se han visto amenazados por los avances de la vida industrial. Una llave inglesa y un martillo de piedra fueron el símbolo de Earth First! en las últimas décadas del siglo XX, uno de los tantos movimientos ambientalistas que alertaba sobre las crisis por venir. Hoy las catástrofes ecológicas no son una novedad sino un estado de las cosas: imaginamos durante tanto tiempo la distopía que nos acostumbramos a ella. En el contexto de un capitalismo sin límites, el realismo de una profecía autocumplida se hizo presente. Defraudados de la posibilidad de un cambio ontológico, aceptamos y alimentamos un mundo por defecto, el mundo de la aniquilación y la injusticia irremediable, del individualismo y la alienación hedonista basada en la hipersemiotización mercantil.
En este contexto, aquello que se concebía como un recurso ilimitado devino un bien de lujo. Progresivamente el agua ha comenzado a escasear y se ha transformado en signo de poder adquisitivo y exclusividad. La obra de Camilo Ortega reflexiona sobre el destino de este elemento natural y materia prima, desde una perspectiva social y política que deforma la crisis medioambiental a través de fantasías de lujo y distracción. Llave de paso es una muestra plagada de fuentes hídricas que ostentan el placer del consumo concebido como privilegio. Las inequidades económicas y sociales se hacen evidentes a través del fuerte contraste entre la sequía y el desabastecimiento versus la ostentación y la dilapidación de recursos. Construyendo un imaginario que extrema y tensiona las posibilidades del entretenimiento, Camilo Ortega juega con la seriedad del problema que subyace a este fenómeno: disfraza de ludicidad el delirio de la conducta humana.
En un escenario de escasez patente en sectores que antes disfrutaban del consumo de agua para necesidades básicas, el acceso al recurso hídrico y su uso irresponsable responde a estructuras sociales carentes de ética y sentido humano. Estas derivan a su vez de modelos políticos decadentes y salvajes de libre mercado: todo objeto material es transable, incluidas las garantías de acceso mínimas que sustentan la vida e integridad de las personas. Así es como el valor del agua se torna signo de exclusividad. Esta indiferencia y falta de compromiso abre paso a la imaginación fetichista: bidones-edificios que se convierten en toboganes, piscinas y resorts que aparecen como oasis en medio del desierto. Todos espacios paradisíacos concebidos por el artista a través de pinturas y figuras escultóricas en forma de maquetas o paisajes pictográficos, que en su conjunto articulan una idea de exclusividad hídrica, de desregularización de las fuentes de vida humana en base al poder adquisitivo y los privilegios de clase.
Las obras que componen la muestra aluden tanto a la fauna marina –toda clase de insumos y ambientaciones para los bañistas: delfines, cangrejos, aves marinas, etc.– como determinadas infraestructuras especulativas –piscinas, piletas, toboganes y edificios contenedores de agua–, donde también se cuelan imágenes sugerentes en torno al modo de distribución de los ductos hídricos. Este último elemento es clave, puesto que pone en evidencia las circunstancias materiales que subyacen a la alegre realidad de los espacios de relajo proyectados por el artista. Tuberías gigantes y fuentes de alimentación que cruzan el desierto, se implantan en medio de paisaje natural y usurpan remansos de agua. Estos canales de abastecimiento articulan un sistema de explotación, control y administración que culmina en aquellos paraísos donde predomina la abundancia de agua como símbolo de estatus. El título de la muestra hace referencia precisamente al instrumento que permite la distribución de esta mercancía estratégica, basada en decisiones de orden exclusivamente económico y donde el árido panorama del desierto se torna extractivo y ambivalente, recordando las dos caras que caracterizan indefectiblemente al privilegio.





