
Enoyar ~ Cristina Flores Pescorán
Crisis, Lima – Perú ~ 2026
Curaduría: Miguel A. López
Fotos: Cortesía de Crisis

Texto de Miguel A. López:
Enyoar es la primera exposición individual de Cristina Flores Pescorán en Perú en más de tres años. En octubre de 2022 se integró como becaria al programa de la Jan van Eyck Academie, en los Países Bajos, donde desde entonces vive y trabaja. En este periodo, su trabajo ha alcanzado escalas monumentales e incorporado nuevos materiales –metal, madera y cerámica. Ha exhibido en cuatro continentes, incluyendo seis bienales (Sídney, Toronto, Lahore, Moscú, Santa Fe y Shanghái), activando otras formas de enlazar el tejido, la poesía y la performance.
Su despedida del Perú fue con la exposición Las predicciones (ICPNA, 2022), donde habló por primera vez abiertamente sobre su experiencia con el cáncer. Durante el largo tiempo sin diagnóstico y el tratamiento de quimioterapia tópica que atravesó durante tres años, Cristina recurrió al textil para intentar comprender aquello que la medicina no lograba identificar, inventando rituales de sanación. Empleó técnicas de la cultura Chancay –distinguidas por sus propiedades curativas y mágicas– y tiñó sus hilos con plantas medicinales presentes en su dieta cotidiana. Con ellos, tejió figuras a modo de sustitutos de sus órganos, guiada por la premisa de que una relación fraterna y tierna con el algodón podía agitar una fuerza capaz de reparar el vínculo entre su cuerpo y el mundo.
A diferencia de su presentación anterior, marcada por la experiencia del dolor y los procedimientos médicos, en esta nueva exposición Cristina reclama el placer y el disfrute aún en tiempos de incertidumbre. Compuesta por acuarelas, textiles sobre bastidor y esculturas de cobre y algodón teñido con maíz morado, índigo y semilla de palta, Enyoar presenta cuerpos en estado de germinación. La forma circular, presente en su obra desde los inicios –en composiciones que evocan la multiplicación celular y oscilan entre lo microscópico y lo cósmico–, reaparece aquí como un artefacto de observación y adivinación: una suerte de lupa que intensifica la mirada, pero también un movimiento rotatorio capaz de propiciar la lectura de predicciones.
El título proviene de una palabra que su madre –radicada en Estados Unidos desde 2002– introdujo a sus conversaciones familiares hace más de una década. Enyoar condensa múltiples sentidos: por un lado, funciona como una versión castellanizada de enjoy, huella del desplazamiento de su madre al norte sin dominar el inglés y del deseo de forjar un lenguaje propio; por otro, nombra el acto de habitar el yo –en/yo/ar–, reivindicando la introspección como forma de orientación y descubrimiento. En esa doble dimensión, el término habla también de encontrar placer en el estar consigo misma.
Este cruce de lenguas pone en escena una experiencia migratoria compartida: la de su madre, pero también la suya. De manera afín, las esculturas aquí exhibidas fueron realizadas en constante tránsito: en trenes, buses y aviones; en parques y restaurantes; en su casa y en su taller. Estas estructuras circulares, tejidas de forma independiente, se ensamblan como pequeños órganos que configuran múltiples cuerpos. En el espacio, evocan figuras totémicas, anatomías espectrales y portales desde los cuales es posible entrever distintos tiempos.
Enyoar reúne autorretratos siempre acompañados: por su madre, su hermana, por las energías que articulan los sistemas de su cuerpo –circulatorio, linfático, digestivo, respiratorio–. Las obras configuran una conversación con su interior y una reflexión sobre el movimiento, el goce y lo que significa el presente. En cada una, Cristina abraza las múltiples versiones de sí misma: las que ha sido, las que es y las que será en un tiempo que se despliega, siempre, de forma circular.






