
entre~vista Gisella Mailen Scotta ~ Un animal demasiado solitario se come a si mismo
Satélite, Córdoba Capital, Argentina ~ 2024/2025
Fotos: Pablo Martinez, cortesía de Satélite.
La artista argentina Gisella Mailen Scotta presenta una serie de trabajos en Satélite, galería en Córdoba Capital (Argentina). Dibujos y pinturas entran en sintonía con instalaciones de flores colgando del techo, palabras sobre estructura metálica y objetos que dialogan con la arquitectura de la galería.
En conjunto, nos insertan en una atmósfera inquietante donde se fusionan detalles sutiles con dibujos de mujeres desafiantes, trabajadoras y punzantes.
En conversación con Gisella nos cuenta algunas historias y meditaciones en relación a la producción de este último cuerpo de obra.
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El título de la muestra “Un animal demasiado solitario se come a si mismo” propone entrar con un determinado ritmo a la muestra ¿Qué nos podes comentar sobre la selección de esta frase?
“Un animal demasiado solitario se come a sí mismo” es una frase extraída del libro Eisejuaz de Sara Gallardo. Es deliciosa y un poco enigmática como el mundo al que ella nos acerca.
Tengo la costumbre de leer y subrayar frases o palabras, sacarlas de su contexto y usarlas como una línea de horizonte o un esqueleto para trabajar. Muchas veces, cuando las elijo, las escribo y las dejo en algún lugar visible, como para que me acompañen en el proceso. Me interesa pensar las distintas series de mi trabajo como escenas o capítulos, con sus personajes, paisajes y situaciones que se entrecruzan, creando un relato fragmentado.
Tanto en esta exposición como en otras tuyas, hay un claro interés por cruzar temporalidades, casualidades, sincronismos y momentos históricos con la actualidad. ¿Cómo surge este interés? ¿Cuáles son los datos y referencias que orbitan sobre esta muestra en particular?
Lo que me seduce de¨ la Historia¨ son las voces subalternas, esas pistas que no siempre refuerzan un relato histórico. De algún modo, ir a contrapelo parece más sostenible que habitar el presente. Algunos personajes me despiertan un interés particular, ya sea por lo acontecido o por la forma en que lo recordamos. Es como si pudiera pensarse en términos de una novela o un cuento, en lugar de algo que nos atraviesa directamente. De todos modos, en el tiempo todo está conectado.
No estoy segura de poder pensar o referirme al Arte (suena gigante, mejor digamos mis trabajos) en termino de datos, ya que mi mirada esta un tanto sesgada y no hay nada que pueda decir con certeza. Pero intentando responder tú pregunta, tengo algunas ideas vagas que se basan en inferencias del entorno. Trabaje con las particularidades de la casa que alberga a Satélite, en su arquitectura ha ido acumulando capas con el tiempo, y esta muestra suma una nueva. Ciertos ornamentos sobreviven como vestigios, me hacen pensar en las estéticas que viajan y se modifican. Por otro lado, intentar explicar algunos sucesos me parece absurdo; es necesario recurrir a la ficción, que no se opone a la verdad, sino que la amplía y la transforma.
El color verde “Paris” que se esparce en la sala en diferentes pinturas, articula el sentido simbólico del “verde esperanza” con el “verde venenoso”. Este singular verde Paris nos remonta a la hipótesis que la causa de muerte de Napoléon y su esposa fue respirar este pigmento utilizado con fines ornamentales en las paredes de su casa. ¿Cómo fue la selección del color verde? ¿Tuvo alguna incidencia la anécdota de Napoleón sobre esto?
El verde es un color que me acompaña desde siempre, ya que trabajo con plantas y flores; soy la cuarta generación de una familia de viveristas.
Últimamente, en mis producciones predomina el grafito, y cuando incorporo un color, me interesa que tenga un peso específico, una particularidad. Cuando empecé este proceso, el color verde apareció rápidamente en la búsqueda. Y, casi por azar (por qué mis investigaciones no son muy exhaustivas) encontré la historia de Napoleón y su relación con este color.
De todos modos, lo que más me interesó no fue tanto la anécdota en sí, sino el pigmento verde como un color majestuoso y ostentoso, un elemento de lujo que con el tiempo se descubrió tóxico. Me pregunto qué sucede cuando este color aparece en diferentes escenarios, desde la vía pública hasta el cine, la moda o el arte.
Conociendo tu obra, hace tiempo que al observarla me acerca a la noción de una belleza frágil pero que se defiende a si misma. En este sentido, ¿Cuáles son los pensamientos, reflexiones o manifiestos que aparecen y se cruzan en tu mente al momento de creación?
Me interpela la belleza, como un grado de experiencia. La belleza en la que podemos convertir lo que nos acontece. Me gusta el frío porque cuando el viento me golpea la cara, siento que estoy viva. Eso vital que hay entre estos momentos es lo que intento rescatar en mi obra antes que algún orden lo desactive. Entro en un juego de contradicciones al que no me resisto, entre lo compulsivo y las capas de sentidos, se filtran otras voces y miradas que voy agregando a mi obrar. No me interesa la idea de lo inalterable, sino de lo que se mueve. Se me acelera el corazón cuando estoy trabajando y en mi cabeza aparecen conexiones, situaciones, palabras, personajes que encajan como en el engranaje de una historia. Aunque la idea de encajar es ambigua, porque muchas veces esas conexiones son finísimas, apenas perceptibles, y es ahí donde encuentro su fuerza.






