Madre Drone

Patricia Dominguez, Chile.

CentroCentro, Palacio de Cibeles, Madrid, España – 2020
Curaduría: Rafael Barber Cortell

La artista chilena Patricia Dominguez presenta su trabajo en CentroCentro formando parte del ciclo «There is Nothing in The Middle» (No hay nada en el medio) curado por Rafael Barber Cortell, en el que seis artistas realizarán tres exposiciones a dúo. Para el segundo episodio de este ciclo Beatriz Olabarrieta y Patricia Domínguez plantean dos proyectos independientes que se despliegan uno a cada lado de la planta 5 de CentroCentro.

Desde una investigación experimental sobre etnobotánica, prácticas de curación y la corporatización del bienestar, el trabajo de Patricia Domínguez investiga los encuentros y choques  que se producen en el mundo global amplificando la perspectiva hacia las distintas formas de entender el cuidado y la curación de nuestros entornos.

Su obra nos sumerge en una constelación intuitiva, donde las circunstancias socio políticas, ambientales, culturales, se entrecruzan como un flujo de energía que relatan el contexto en donde la artista lleva a cabo sus creaciones.

La intuición de la artista conmueve y nos revela su sensibilidad. Adentrarse en la exposición es entregarse a una lectura multi-polar donde sonidos, videos, altares, amuletos e imágenes nos obligan a mantener una perspectiva abierta y atenta sobre un espacio expositivo que muta y busca transferirnos a otro plano narrativo.

Patricia comparte con Relieve Contemporáneo sus búsquedas, experiencias y hace un relato de todo lo referido a esta exposición.

M.L.M.: En tu obra se entrecruzan temáticas muy diversas donde los hechos socio-políticos y económicos se fusionan con la mística, los rituales y la botánica desde lenguajes y formatos diferentes. ¿Cómo surge tu interés por fusionar la etnobotánica con otras prácticas como el arte contemporáneo?

P.D.: La etnobotánica como disciplina me es interesante porque analiza relaciones que existen entre humanos y el mundo vegetal. Ese vínculo es mi portal para poder analizar y entender algunas de las complejas relaciones que establecemos como humanos con el mundo vivo. 

Partí estudiando ilustración botánica en el New York Botanical Garden y trabajé en el American Museum of Natural History en los años que viví en Nueva York. En esos estudios, me topé con un límite en donde entendí que la aproximación intelectual – científica sobre lo que es una planta, quedaba corta para entender el real poder de las plantas en relación a sustentarnos a nivel físico, emocional y espiritual en estos tiempos. Me empezó a hacer más sentido el enfoque etnobotánico – chamánico en donde cada planta tiene una «madre» o «espíritu guía» con el que uno puede conectarse para obtener una visión más amplia, más percepción, más perspectiva.

Pero por otro lado, la etnobotánica tiene una base colonial complicada ya que en general fue utilizada para documentar conocimientos sobre plantas para ser renombradas, clasificadas, y explotadas por sus principios activos, sus materialidades, sus posibilidades de generar provecho, desde un punto occidental, socavando al conocimiento indígena en muchos casos.

Personalmente, como disciplina independiente, la etnobotánica me empezó a quedar corta ya que no encontré espacios en ella para la imaginación. Está demasiado ligada a documentar, más que a imaginar. En mi trabajo preciso inventar nuevas relaciones para plasmar vínculos desde la miseria neoliberal en que vivimos a las nuevas relaciones espirituales que están apareciendo hoy en lo referente a la tecnología por ejemplo. 

Me vi en la necesidad de generar una etnobotánica experimental que permitiera hacer actos futurables, avanzar hacia el futuro, con las plantas de aliadas. Ahí se abrió un espacio, que pude indagar desde el lenguaje del arte. Por otro, el arte contemporáneo o -el «arte en la era del capitalismo» como decía un profe Daniel Bozhkov-, se ha convertido para mí en una plataforma para explorar conceptos de maneras experimentales. El lenguaje versátil y cambiaforma del arte me permite inventar un lenguaje visual y conceptual propio, para hacer mis propias indagaciones para intentar entender, preguntarme y/o digerir las realidades que nos toca transitar. 

Creo que todo tiene que ser renombrado en estos días de crisis. Ensoñado nuevamente. Y para eso, ésta combinación de referencias, formas, texturas y experiencias es la forma personal que es efectiva para mí. A través de las obras que estoy produciendo, intento encuerpar formas que existen hoy en la vida que me toca transitar; Tucanes quemados, ventas de tierras en la selva para plantaciones de cocaleras y votos políticos, plantas que dan una nueva visión para poder navegar el neoliberalismo, plantas que ayuden a mitigar el efecto del wifi en nuestros cuerpos, etc.  

M.L.M.: ¿Qué herramientas o perspectivas nuevas has descubierto desde este enfoque?

P.D.: La planta y el pixel son unidades irreductibles de la vida actual. Se tocan en estos momentos extraños. Se tocan en nuestros teléfonos celulares y nuestras manos. Creo que este enfoque me ha permitido actualizar la representación de las plantas uniéndolas a la tecnología, al extractivismo, a la espiritualidad; a lo onírico dentro de rituales personales, poéticos, de ficción. Me ha servido para explorar una necesidad de identificar nuevas figuras místicas, sagradas, que emergen de la convergencia de lo vivo con lo digital. 

Acá en Chile los multimundos están en constante cambio y recirculación. De las diversas zonas de contacto surgen nuevas maneras de identidad del espíritu, y por consiguiente se necesitan nuevas formas de relación entre cuerpos y mentes y ecosistemas. Rituales mestizos y ficticios, son conformados con elementos que han ido siendo absorbidos, mezclados, adulterados, transformados y resignificados desde la colonización hasta el día de hoy. 

Hoy en día, uno de los problemas mayores acá, es la extracción neoliberal de recursos naturales. Por ejemplo, en la zona de Petorca en la zona Central de Chile, se está usando toda el agua disponible para regar los paltos (aguacates) para ser exportados. Esto ha dejado a la comunidad que vive ahí sin acceso a agua dulce para consumo, higiene o riego para sus plantas, situándolos en una crisis sanitaria en los últimos 10 años. Incluso el gobierno tiene que mandar a dejarles agua potable en camiones aljibes, apoyando de esa manera a las empresas privadas en vez de asegurarse de que los ciudadanos puedan acceder a servicios básicos. Entonces, salen preguntas como qué relaciones o imágenes pueden salir de ahí, para dar forma desde el arte a estas complejas relaciones entre humanos, agua, plantas, neoextractivismo y consumo. ¿Qué imágenes darle, cómo recolectar los relatos interespecies que se estén dando, como hablar de esto desde una manera que englobe todo el tejido emocional que tiene? Este enfoque que he armado entre arte, etnobotánica, extractivismo y espiritualidad me sirve para intentar navegar estas situaciones tan complejas. Es un enfoque multiforma.

M.LM.: El terrible incendio en la Amazonia y el estallido social de octubre en su Chile natal, coincidieron temporalmente y sucedieron mientras Patricia se encontraba en la residencia Kiosko en Santa Cruz de las Sierra, Bolivia. «Madre Drone» explora sobre las vivencias y reflexiones que le surgieron personalmente a partir de estas circunstancias.-
¿Cómo fue tu experiencia en la residencia?

P.D.: La experiencia completa de Kiosko fue brutal, en el sentido que llegué a la residencia en Santa Cruz en medio de los incendios del Amazonas. El cielo de la ciudad estaba gris y con olor a madera, aunque el incendio estaba a cientos de kilómetros de lejanía. 

Estuve la primera semana recorriendo la ciudad y me empecé a poner inquieta ya que no podía conectar con nada aparte de pensar en el incendio. Muchas preguntas surgían en relación a qué sentido tenía hacer la investigación artística que había propuesto, mientras llevaba un mes viendo como se quemaba la selva Amazónica por la pantalla de mi computador y, ahora que estaba en Bolivia, ¿no iba a hacer nada para aportar, ayudar… hacer algo? La controversia de la comodidad de vivir tras nuestras pantallas, viendo nuestros mundos colapsar me estaba interpelando directamente.

Hablé con el equipo de Kiosko y fueron super flexibles. Me contactaron con una mujer que estaba organizando mandar un camión con comida y medicinas para los animales afectados por los incendios en Roboré, la Chiquitanía, la puerta de entrada boliviana al Amazonas. 

-esto es lo interesante de las residencias desde mi punto de vista; abren espacios nuevos, permite que la vida te cambie el plan que pusiste en la aplicación un año antes de llegar a la residencia. Facilita conectar con ciertas situaciones en general lejanas a uno. Aunque son partes del mismo problema global en diferentes formas, ¿no?-

Llegué al Refugio Biotermal Aguas Calientes unos días después. Me recibieron amablemente como voluntaria. Para que se hagan una idea de la magnitud del asunto de cómo afectó el incendio, acá hay un reportaje que les hizo Nat Geo. https://www.nationalgeographicla.com/amazonia/animales-afectados-rescate

El segundo día en que estaba ayudando en el refugio, llegó un tucán ciego de un ojo, el derecho. Ese día llegaron también un tucán con la cola y las piernas quemadas, 4 loritos deshidratados, y un zorro muerto por deshidratación (murió en el trayecto hacia el refugio). 

Tranquilo, el tucán ciego me sentía con su lado derecho. Me miraba a ratos con su lado izquierdo. Me di cuenta de que era como una máscara mística. Un animal mitológico que ha emergido del incendio de la Chiquitanía y el Amazonas. Una máquina de ver, un monstruo que ve más allá de lo visible. Tiene dos caras, le han quemado el lado derecho. El lado masculino, el lado que el capitalismo requiere de todxs nosotrxs.
Al tucán lo cuida Darwin. Un joven de 19 años de edad. Mientras ayudábamos a alimentar a los animales, ensueñé a Darwin como un guardián sci-fi involuntario, un guardián de esas tierras y sus multi especies. Los verdaderos héroes de la tierra. Con sus celulares en el bolsillo que suenan a reggaetón.
Les saqué una foto a Darwin y a un loro verde que se llama «Maléfico». Darwin y el Maléfico. Que par. Me hace pensar en la teoría de las especies. El último eslabón de la teoría de las especies. Estos animales quemados son los últimos eslabones de la cadena de los afectados por los incendios. Las víctimas del más fuerte. Fucking teoría de Darwin. Ya no queda nada más allá de sus pieles y sus libertades quemadas.

Aunque brutal, fue un aprendizaje poder relacionarme con estos animales de espíritu salvaje. Expulsados de su bosque por el fuego. Una oportunidad única de presenciar sus espíritus silvestres, indomables. Ferales. Humanos y animales, ocupando relaciones asimétricas dadas por la enfermedad y la vulnerabilidad. Enfermos y quemados en sus jaulas, esos animales recién salidos del bosque aún son libres de espíritu. Por un rato, ocupan el 5to grado de domesticación, pero ya están en el primero. No pueden vivir sin los humanos. Es el bosque que nos deja tocarlo mediante sus órganos quemados. 

Cuidar al tucán ciego fue mi manera de tocar al espíritu del bosque. De ser escaneada por él. Observada. La tierra juzga por los hechos, no por los colores ni raza, me recuerda lo que dijo Amador el año pasado, en la selva. La otra selva, en el río Madre de Dios; la tierra siente las ofrendas, las ofrendas energéticas, las palabras, los actos. No ve colores ni pieles.
Al mediodía, nos tocó trasladar a los tucanes a sus nuevas jaulas provisorias. Me pidieron que lo sostuviera con mis manos y que le pusiera un jockey encima para que no se escapara. Le puse mis manos encima con cuidado y lo sentí palpitar entero de susto. Todo su cuerpo se estremecía bajo mis manos. Tucutúm tucutúm tucutúm. Cerré los ojos y me contacté con él. Palpitamos juntos, él en su terror y yo en mi intento de contención. Nos coordinamos por unos segundos. Nos sincronizamos en silencio. Pude sentir el latir de todo lo vivo a través de esa ave. El palpitar de la tierra. El palpitar nos une a todxs. El palpitar nos traspasa. Nuestros cuerpos le pertenecen.

En los últimos días de la residencia, ya en Octubre 2019, nos tocó vivir los estallidos sociales de Ecuador y Chile. También el paro cívico por las votaciones ilegales de Evo Morales que nos tuvo encerradxs los últimos 15 días de la residencia. 

El humo del fuego se trasladó de Roboré a la ciudad. El mismo humo de los bosques quemados, es el que empañaba nuestros lentes. Es el olor a cenizas que sentimos desde el balcón de Kiosko. Y ha saltado a Ecuador, a Chile, a Bolivia, a Uruguay. El fuego nos persigue en las barricadas, en los saqueos. ¿Es que acaso pensaron que el neoliberalismo iba a quemar el bosque y esto no iba a incendiar nuestros espíritus, que no nos iba a tocar en lo más primitivo. En nuestros pulmones energéticos? La palpitación de lo vivo se acelera con el fuego. El tucán palpita, el fuego crepita, el humano es traspasado por su fuego. Es el pálpito del corazón el sonido de todo lo vivo. 

8 personas tuertas en manifestaciones indígenas en Ecuador. En Chile la INDH da los cómputos hasta hoy de 3.838 personas heridas en las manifestaciones y represión militar, en donde hasta hoy más de 460 han sido heridas en el globo ocular (la mayoría lesión ocular y algunos, pérdida o estallido ocular). Tucanes y humanos tuertos o ciegos, especies con el mismo daño sobre sus máquinas físicas de visión, son producto de los conflictos de esos meses. El fuego ha saltado del Amazonas a las ciudades. Está en marcha la aceleración de la destrucción de este sistema en el que estamos viviendo.

En ese momento de crisis social, escribí lo que copio abajo. Ahora en el contexto del coronavirus, se repite, pensando en que me encuentro encerrada involuntariamente por segunda vez en menos de seis meses:

Acá en Santa Cruz estamos en paro nacional indefinido hace 11 días. Hoy hubo recreo y salimos a comprar comida con Carla. Quedaba poca y estaba cara. Y seca. –Pachichi- como dicen los Mexicanos del norte. Los precios están cada vez más inflados del mercado Los Pozos. En este presenciar la caída del sistema en que vivimos, tuve la sensación que presenciaremos estos momentos apocalípticos cada vez más seguidos. Hasta que resurja el nuevo, entre las cenizas de éste. 

Queda poca comida. Hay silencio. Un encapuchado pasa en bicicleta tranquilamente por la calle. Cada esquina de calle estaba bloqueada por un auto. Uno decía -En mi calle no se mueve ni un sepe-. Me hace pensar que hasta que la última persona en este planeta esté en desigualdad o sufriendo, todxs estamos condenadxs junto a esa persona. Hasta que no se libere el o la últimx, todxs estamos con él o ella. Nos unen lazos cósmicos, como un ser, como una especie.

En los días de paro cívico llegaron a ocupar la plaza de Santa Cruz los marchantes de la X Marcha indígena. Se quedaron varios días acampando ahí. Era como ver un pequeño ejército interespecies. Marchaban humanos, plantas, árboles y aguas, por la tierra. Su bandera es el Patajú. Una gran flor con flores, con los colores de la bandera de Bolivia. Rojo, verde y amarillo. Es la verdadera bandera de Bolivia. 31 días marcharon por la tierra, palpitando con sus pies el territorio. La única manera que les hace sentido protestar, es marchar por su tierra. Fueron a Santa Cruz a abogar por sus tierras quemadas, invadidas por la agricultura y la deforestación y dadas como venta de votos a los simpatizantes de Evo Morales. 

Así es que aconteció la residencia en Kiosko. Trajo aprendizajes y experiencias muy inesperadas. Y de los fuegos de Bolivia, salté a los de Chile. Y conmigo la producción del video que estoy exhibiendo en Centro Centro. Lo que pasó en Chile ya es otra historia.

M.L.M.: ¿Qué aportes destacas del particular entorno de Santa Cruz de la Sierra que hayan influido en la exhibición «Madre Drone» ?

P.D.: Santa Cruz es muy distinta al resto Aymara de Bolivia. En Santa Cruz son canvas, guaraníes, mestizos, blancos. Son otras las genealogías y las estéticas de lo que uno piensa como la Bolivia andina, los cholets, el Alto, etc. 

Santa Cruz es una ciudad dura en el sentido que no hay mucha producción cultural, no hay una trama muy articulada de artistas, activistas, haceres experimentales. Kiosko ahí hace una labor única al convocar a través de sus expos, charlas, talleres alrededor del arte. 

«Mujeres Creando» también tiene una presencia muy fuerte. Fuimos a la primera asamblea de mujeres que se abrió en el contexto del paro cívico. Escuchar a todas esas mujeres abogando por el bien y el sentido común también fue una inspiración para mi video, en el sentido que me fortalece esta intuición de que la energía femenina es urgente para poder pensar futuros amables, vivibles, comunes.

En Bolivia en general son muy inventivxs. Para mí esa libertad de crear y combinar y apropiarse de la cultura global al mismo tiempo de estar arraigadxs a su historia ancestral es muy inspirante. Recién llegada a Santa Cruz, fuimos a la feria que se llama Expo Cruz, en donde exhibían desde autos, lugares turísticos, caballos enanos, se vendían rifas, etc. Había una cueva pachamámica que se abría e iluminaba unos ojos verdes de plantas con luces leds. Era la publicidad de una empresa de cementos. Había un señor viejito vendiendo serpientes hechas de papel, habían robots promocionando empresas de telecomunicaciones, había una chica disfraza de serpiente haciendo  publicidad al turismo de selva de Bolivia, dinosaurios bailaban trap. Fue lo más parecido a una experiencia alucinatoria que he tenido. 

Lo que hice fue pedir varios contactos a los personajes que me interesaban, y ver cómo les podía repensar en mi video. Y de ahí salieron varios personajes del video como el robot, la diosa láser, la culebra. Yo trabajo mucho así, salgo a la calle y permito que la producción en que estoy trabajando sea permeada por ella. Como proceso creativo, permito que entre lo que ya existe afuera, en general de usos normados, para que reordene sus relaciones y sean transmutadas y «futuradas» en mis videos mediante un foco onírico, sagrado, cambiaforma.

Y esa misma versatilidad al momento de la producción del video me permitió trabajar y conocer variadas comunidades como el grupo universitario de teatro experimental, diseñadorxs de disfraces, inventorxs de robots, veterinarixs, cineastas, biólogxs, médiums, sanadorxs españolxs, activistas, etc. 

M.L.M.: Actualmente vemos cómo la intromisión a nuestra privacidad se está transformando en un mecanismo de contención y seguridad ciudadana. En tu exposición «Madre Drone» se utiliza el drone como símbolo y concepto, abordando el tema a partir de los acontecimientos sucedidos en Santiago de Chile en 2019. ¿Qué conexiones se pueden hacer entre el relato de tu exposición y el contexto actual donde entra en tensión la intimidad, nuestra relación con el entorno, con los demás y con ¨la seguridad¨? 

P.D.: La figura del dron, entró a mi trabajo desde que soñé con drones. Varios me rodeaban y cada uno tenía un ojo rojo, cual cíclope. Un ojo enrojecido y cansado. Irritado. Había un sentimiento de familiaridad. Los drones parecían ser ¿míos? Se sentían como mascotas. Cada uno personificaba un deadline que había que terminar. En el sueño, cada persona llevaba sus propios cíclopes-drones volando alrededor. Unos más grandes que otros. Sus ojos vigilantes, miraban y llevaban la cuenta de nuestros tiempos en tiempo real. Drones-cíclopes que nos acechaban como insectos, recordándonos a cada uno de sus deadlines. Cada dron tenía su ojo rojo, llorante. Las lágrimas rojas caían sobre mi cabeza. Si antes se hacían puntas de flechas ahora se hacen drones. El vuelo sigue, cazando otras formas. Los drones continúan el vuelo ancestral comenzado por puntas de flechas. El silbido de la flecha continúa en el zumbido de un dron. 

Un dron, según la Real Academia Española, es una aeronave no tripulada. Par mi, son una ¨extensión astral¨ del humano que le permite transitar el mundo de arriba. Un ojo volante. Un ojo vigilante. ¨Un ojo suspendido en el aire¨ para resignificar la frase de Gordon Wasson. 

En el contexto de las protestas en Chile que se intensificaron desde Octubre 2019, he escuchado historias, y visto con mis propios ojos, el zumbido de drones de policías espiando a amigxs activistas. Bajan por los patios interiores de edificios, buscando caras, espiando las asambleas, sobrevuelan las protestas, filmando, buscando culpables.

A finales del 2019, lxs protestantes en la Plaza Dignidad en Santiago, unieron fuerzas con los punteros lásers y derribaron a un dron en un «Ataque de luz». Personas usando armas de luz, unieron el potencial de enceguecer y quemar de los lasers, y apuntando todos al mismo tiempo al dron espía, derribándolo. La lucha social se ha trasladado a los aires, a armas de luz, a la colectividad. Es parte del nuevo paradigma también, de lo colectivo del punto de vista femenino, comunitario. La contraparte de la vigilancia y el control extremo. Este «Ataque de luz» comunitario e improvisado, es un ejemplo de la energía del nuevo paradigma al que estamos entrando, uno de empoderamiento del pueblo, en donde unidxs, hacemos un masa crítica tan grande que no hay quien pare las demandas que se piden. En Chile, se pide dignidad; pensiones dignas, salud digna, educación digna, que se deje de privatizar el agua. Se pide el bien común. 

Los mismos punteros láseres se usan durante el video Madre Drone en diferentes maneras, como rayos de la diosa – virgen láser, como escáner de sanación, como armas de luz, como exudación del bosque, como palpitar de los animales. Se flexibilizan sus posibilidades de uso y abren opciones. Fue una coincidencia, ya que tenía los punteros lasers de antes que pasara lo del ataque de luz.

Veo a los drones, junto al tucán ciego, como monstruos que vuelan nuestros cielos estos días. (Ahora en los tiempos del coronavirus, sobrevuelan el planeta aviones vacíos también). Estoy en una búsqueda de formas de «ver» espirituales, más allá de lo físico. Me guía el tucán ciego. Me guía también el dron, esta máquina infernal que es ahora uno de mis animales de poder. Levito en ellos. Con su visión penetrante, de máquina, sus sentidos exceden y trascienden el mundo cotidiano del percibir, como dice Peter Adey en su texto Making the Drone strange. Son monstruos de visión arcaicos muy distintos a un unicornio o a un zombie, han mutado al tucán y al dron. 

Estos son los seres aéreos que hoy buscamos como animales de poder, los nuevos seres míticos.  Seres de visión que sobrevuelan los cielos, enviados de los «dioses» de vigilancia y control y extractivismo de estos días. Está naciendo una era de vigilancia, de vuelos astrales policiales a través de drones, de visiones aumentadas. Para mí, el dron es un ave de poder que está destinada a ser derribada por la colectividad. 

La obra es mi manera de visualizarlo, de reflexionar sobre la necesidad de crear mitologías alternativas. Requerimos nuevas figuras sagradas, requerimos rituales de exorcismo de lo normado, figuras imaginadas desde una ficción sudamericana que materialicen el espíritu de lo contemporáneo, rituales que den vuelta la realidad aunque sea a nivel simbólico para intentar pensar futuros inter- especies más compasivos y sustentables.

M.L.M.: Si no estuviera instalado el confinamiento obligatorio, la exhibición de Patricia podría ir a visitarse en Madrid. Resulta inevitable preguntarnos cuál es el lugar del arte hoy, o hacía donde va en un contexto de confinamiento obligatorio.

P.D.: El arte lleva hablando y advirtiendo sobre los temas y problemáticas que son prioridad mundial; desastres medioambientales, abusos de poder, las inequidades del neoliberalismo, patriarcado, discriminación, etc. También resignifica y abre lenguajes, muestra otros registros de comunicación y entendimientos. Es fundamental seguir escribiendo, viendo, haciendo arte para poder entender los tiempos que estamos viviendo. Creo que el arte y sus manifestaciones son como estómagos que digieren la vida, la realidad, lo que pasa, lo que puede pasar, lo que nunca pasará. Conduce duelos y celebraciones.

Es fundamental seguir. Ahora, repensar las condiciones también. Qué tipo de arte se puede hacer en condiciones de aislamiento, de no movilidad entre países, de no tener acceso a ciertos materiales y espacios, en donde casi todos los presupuestos de producción se han ¿caído? Es interesante. El arte seguirá, la pregunta es de qué forma.