
Tanta tristeza de tantas cosas / elle de Marisabel Arias.
Marisabel Arias, Perù.
Mueve Galería y EKUMEN, Lima, Perù – 2026
Curadurìa: Giselle Giron
Fotos: cortesìa del artista
Mueve Galería y EKUMEN presentan So much sadness from so many things (they / them), exposición individual en dos partes del artista Marisabel Arias, ocupando dos espacios en Lima para celebrar las formas colectivas de sostener la tristeza y la vulnerabilidad.
Bajo la curaduría de Gisselle Girón Casas, la exposición reúne esculturas, textos, vídeo, dibujos y trabajo inédito desarrollados por Marisabel durante su residencia en la Jan Van Eyck Academie, en los Países Bajos, a lo largo de 2025, así como durante su regreso al Perú en 2026.
La muestra explora las posibilidades que ofrece la no-binariedad para imaginar existencias múltiples y ambiguas, seres que no son ni une ni otre, sino ambes. Esta apuesta por lo múltiple encuentra un motivo estético y conceptual en la figura de My Melody, personaje de la empresa japonesa Sanrio, y la imagen del conejo, un ser que transita entre categorías de animal, mascota, personaje, mercancía y símbolo cultural.


Textos de Gisselle Giron:
SO MUCH SADNESS FROM SO MANY THINGS (THEY / THEM)
Tanta tristeza de tantas cosas / elle
Marisabel se ha asumido siempre como unx ferviente admiradorx. Su curiosidad infinita y fascinación por las artes y los productos culturales le han llevado a encarnar, a lo largo de su carrera, diversos oficios y profesiones: cineastx, escultorx, escritorx, oficinista, locutorx de radio, comerciante, y en esta exposición, costurerx y modista. En So much sadness, from so many things (they/them) Marisabel presenta una pasarela, donde los modelos son conejxs y la parafernalia que los rodea nos introduce a un universo conejístico que los sitúa simultáneamente entre mamíferos, mascotas, productos comerciales tiernos, imágenes y personalidades.
Como suele ocurrir en muchas series de trabajo de la galaxia marisabeliana, el personaje principal existe en múltiples umbrales, saltando entre categorías de conocimiento y universos estéticos. En este caso, literalmente, ya que se trata de un conejo. Es así como Marisabel recurre a My Melody, el personaje de la compañía japonesa de entretenimiento Sanrio, que opera tanto como ícono de la moda como pregunta ontológica.
Marisabel se rinde ante esta figura porque, al igual que elle, ha optado por un gorro como uniforme de protección y demarcador de un estilo propio. My Melody porta una versión de Gorro Esponja Espacial (2019), quizás el primer diseño de moda en la carrera artística de Marisabel. Aunque el suyo no solo es redondo como los gorros-cascos de Marisabel, sino que adopta la forma de sus orejas erguidas. Pero entonces, ¿qué es My Melody? My Melody es un personaje con forma de conejo. ¿Y qué es un conejo? Un conejo es un animal, una mascota, un dibujo, un personaje, un portal hacia lo tierno; forma parte de una manada, habita una madriguera y también puede ser un emblema de moda. Y un conejo, ¿brinca o salta? ¿Vive en manada o en nido?
Explorar las múltiples capas de My Melody a través de la repetición de la imagen y su desmaterialización forma parte de uno de los tropos característicos de la práctica de Marisabel. Para comprender este gesto es importante recordar uno de los mantras de este universo: si tienes problemas para entender un concepto, repítelo. Bis, bis. Y en la repetición encontrarás respuestas.
Para esta temporada, Marisabel propone el jean como material y silueta; una alternativa colectiva frente a la agotadora tarea emocional que supone atravesar el día a día como seres que lo sienten todo en un mundo donde todo parece quemarse y desvanecerse. Encarnar el oficio de costurerx constituye, en sí mismo, un gesto que alude tanto al legado familiar vinculado al comercio textil y a la costura como a un homenaje al sastre y a la moda, al poder de editar y confeccionar una prenda entendida como capa de protección.
Los modelos son conejxs y sus prendas se funden con sus pieles. De hecho, une no sabe dónde comienza una y dónde termina la otra. Como sucede con el gorro de My Melody, no sabemos dónde empieza, dónde termina, si es una prenda o si forma parte de su propio cuerpo. El caminar de estos conejxs está cargado de estilo. Basta observar el arnés de jean o la capa confeccionada a partir de bolsillos: prendas concebidas para la protección colectiva.
La urgencia de hacer explícita nuestra condición de espectadores frente a lxs conejxs en la pasarela surge de una ambición por crear estructuras de cuidado y acompañamiento frente a la pérdida y el duelo. Porque los conejxs de So much sadness, from so many things (they/them) están sufriendo, pero sufriendo juntes. Desfilan como seres vulnerables que se aferran a la vida a pesar del frío, de los corazones rotos, de la depresión y de las pérdidas. A pesar de todo, se tienen entre elles. Al final del día, son conejos y los conejos son una comunidad que construye refugios.
¿Por qué My Melody usa un gorro? Probablemente porque tiene frío. Vivir lejos del calor de una madriguera debe ser abrumador y provocar escalofríos constantes. Sin embargo, siempre permanece la idea de la madriguera, la posibilidad de estar juntes en la vida y en la muerte, de creer que alguien responderá, que alguien proclamará amor y que otre corresponderá. Y es que sostener la vulnerabilidad es una tarea colectiva.
Ser vulnerable duele, pero vale la pena. Vale la pena vivir a pesar de todo, como nos recuerda la animación I’m Very Cold, sonorizada por Aster, que también funciona como pista sonora para esta pasarela. La pieza toma elementos del hyperpop y el glitchcore mediante vocales exageradas e hipermoduladas. Esta estética sintética recupera, además, muestras e influencias de la productora y compositora británica SOPHIE.
¿Será que My Melody usa gorro, tiene frío y piensa en otros futuros porque es they/them? ¿Qué significa ser they/them? Este pronombre permite pensar no solo en una fluidez de género, sino también en una existencia múltiple. A diferencia de “elle” en español, el they/them, pronombre predilecto de buena parte de la comunidad no binaria angloparlante, abraza la multiplicidad, ya que they refiere también a un conjunto indeterminado de personas. En esta ocasión, Marisabel toma una decisión de traducción y decide conservar el pronombre en inglés porque le permite aludir a una colectividad, a la fiesta interna de múltiples identidades que encarna cada conejx.
Visto desde las posibilidades identitarias que ofrece la no binariedad, el trabajo alude también a las relaciones entre colectividades cuir y neurodivergentes, y al papel fundamental que estas desempeñan como antídoto frente a la atracción gravitacional por el aislamiento durante procesos de agotamiento y depresión.
Las relaciones han ocupado siempre un lugar central en el horizonte crítico de la práctica de Marisabel: las relaciones entre humanos y objetos, como la pantalla y el oficinista en Karaoke Autoortográfico F.S.L. (2018), o entre el consumidor y el objeto de deseo en Diagrama Arqueológico del Futuro en Flujo (2020); las relaciones entre humanos y mascotas en Susi (perfectly together) (2022); entre artistas y arte contemporáneo en Discurso Adooraable (2023); entre amantes en No me vuelvas a dejarme vivir nunca sin ti, amor (2023); y ahora entre seres que conforman un complejo sistema de apoyo.
Después de diez años trabajando con Marisabel, eso es precisamente lo que me llevo conmigo y lo que comparto en esta ocasión: que, frente al duelo, la pérdida y los corazones rotos, abrazar el gozo, saltar juntes, llorar juntes, morir juntes y transmutar juntes en otros seres sigue siendo posible.


So much sadness from so many things (they/them)
Parte 2: It’s so hard to get out of bed
Existe un particular espacio mental en el que una avalancha compuesta por una suma de sentires incontenibles y circunstancias complejas crea la sensación de que la vida se configura como una escalera resbaladiza, de peldaños frágiles, donde une se aferra a los barandales a pesar de un creciente presentimiento que resuena, como un tinnitus cada vez más ensordecedor, diciendo que todo sería más fácil si une simplemente soltara la escalera.
Entre la disputa y la negociación interna sobre cuánto vale la pena aferrarse a la vida y si, efectivamente, sería más fácil abrazar la gravedad, la cama opera como una meseta, una suerte de punto de control de doble filo. En el contexto adecuado puede ofrecer un descanso necesario para recargar energías y seguir aferrándose; pero, en otras ocasiones, es solo un espejismo de mejoría. Puede provocar una especie de fusión entre el cuerpo, la cama y las sábanas, propiciando la rumiación mental y conversaciones infinitas entre distintos fragmentos de une misme, que aparecen como personajes inmersos en un intenso debate de pensamientos intrusivos, estratégicamente orientados a identificar formas de dejar ir de la manera más silenciosa y eficaz.
Desde muy pequeña fui consciente del carácter ambiguo de la cama. Durante uno de los periodos más álgidos de mi depresión en la adolescencia, cuando tenía una fijación por imaginar formas de irme silenciosamente y renunciar a todo, la cama y el descanso se convirtieron en mis peores enemigos. Mis padres y yo identificamos entonces un popular diseño de habitación en el que una cama de madera rodante permanecía oculta bajo una plataforma elevada que albergaba un escritorio. El hecho de no ver la cama ni el colchón de inmediato abría la posibilidad de pensar la habitación como un espacio de imaginación y trabajo. Así, mi propio refugio personal terminó configurándose en torno al trabajo y la escritura sobre aquel escritorio.
Al contemplar lxs conejxs en It’s so hard to get out of bed (Es tan difícil levantarse de la cama), recordé ese espacio mental: las negociaciones y la soledad infinita de la cama, los debates inagotables acerca de cuánto vale la pena levantarse y cuánto vale la pena despertar cuando el descanso resulta imposible incluso en la horizontalidad. Cada unx de estos conejxs posee una personalidad definida y un estilo propio; cada unx viste una piyama espectacular que revela un universo estético particular y una paleta de color interior que nos recuerda que, a pesar del dolor, la vulnerabilidad y las heridas, poseen una luz interna que les infunde vitalidad.
Algunxs se sientan o se sostienen sobre bases de corazones de acero inoxidable, aludiendo a la experiencia de vivir en una constante entrega tierna y total del corazón. Y es precisamente allí donde radica una posibilidad en lo frágil y lo vulnerable. El corazón expuesto de forma tan explícita se convierte en un punto de entrada para acercarnos a ellxs. Aunque cada unx de lxs conejxs mantiene la cualidad de estar enfrascadx en su propia mente, permanecen juntxs. Quizás aún no puedan verlo, pero nosotrxs sí; y tenemos la oportunidad de recordárselos. Del mismo modo, lxs conejxs nos recuerdan esa colectividad que nos precede y nos sostiene.
Hay algo particularmente conmovedor en el hecho de que lloren con los ojos cerrados; que sus lágrimas sean destellos luminosos y, al mismo tiempo, les impidan ver la compañía que les rodea. Allí aparece el poder de ser visto, de sentirse visto, de recibir un aval silencioso incluso en nuestros momentos más lamentables. Les veo y me veo. Y, a pesar del dolor inmenso que supone presenciar la depresión en otrxs habiéndola vivido en la propia piel, precisamente porque se sabe cómo se siente, permanece la posibilidad de reconocernos. Y en ese reconocimiento existe también la posibilidad de levantarnos y abrazarnos.
Veinte años después de construir aquel dormitorio con la cama escondida, de seguir luchando contra esos pensamientos y de continuar identificando maneras de descansar sin aferrarme a la idea de que no vale la pena despertar, lxs conejxs en It’s So Hard to Get Out of Bed me recuerdan tanto el dolor como la dicha de ser viste. Me recuerdan la posibilidad de entregar el corazón y que alguien lo reciba; de decir “I love you” y encontrar del otro lado una respuesta: “Me too”.









