
Diario de viaje en Córdoba Capital por Mariano Sanchez (Chile).
*junio del 2025 en Córdoba
ojos de extranjero
Escribir no es imaginación, es correr el gran riesgo de darse una realidad.
C. Lispector

El propósito es siempre confuso: entender y postergar mi razón en el acto de escribir como una alternativa deforme al pensamiento que se pretende científico, sistemático, metódico, académico. Enfrentar mi propia formación con insumos e impresiones tan ilegítimas como un último acto de arrojo y arrogancia contra mí mismo. ¿Cuán absurdo es arrancar flores, si la primavera marina y constelada no se lleva por dentro? El deseo de que nada ante mi mirada quede inerte, ni informe, ni incoloro, ni lejano. ¿Buscar por doquier lo indeterminado y encontrar siempre solo cosas? Nah, es solo un comienzo. Es una traza de cuarzo para todos los que comemos pollo con puré picante.
El objetivo del viaje a Córdoba, Argentina: hacer una itinerancia de la colección Shaw-Zegers. Mantener los ojos abiertos, alerta a cualquier oportunidad que se presente. Tejer redes, urdir planes, tramar alianzas… oh metáforas textiles… ¿qué sería de mi trabajo sin ellas?
Pero volvamos a lo nuestro. Los ojos. Ojos frescos y desacostumbrados. Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos… No hay afuera que valga si el cuerpo no encuentra al cuerpo que lo hace tan tan nuevo. La filosofía idealista nos enseñó que la verdad se busca/encuentra/está fuera del cuerpo. ¿Es necesaria? Lo adecuado (la cuchara), lo útil (la lengua), lo justo (el cambio) y lo bueno (el pan) nos necesitan… pero ¿por dónde entrar a la-materia-fuera-de-lugar?
Para esta ¿profesión? hay que izar bandera del extrañamiento como marca de identidad estética. Por eso tu, cada vez que leas —sea una señal de tránsito o el código de aguas de un país vecino—, mantén los ojos frescos y desacostumbrados. Ojos de extranjero… tenues, remotos y sutiles.

Tengo un listado con los lugares a los que fui y unas pocas notas escritas cuando la ocasión lo permitió o cuando ya no había nada más que ver. No siguen ningún orden específico: ni alfabético, ni cronológico, ni temático, ni geográfico… ni siquiera uno que pudiera reconocer como propio. A veces creo que podría estar organizado por el modo en que me juraba recordarlos apenas salía
—> Museo de la mujer. Íntimo, animista, esotérico. Criaturas mitológicas, animales. El ojo y la mano: latitud y longitud de La Historia del Arte —hasta Marcel Duchamp (¿o será Elsa von Freytag-Loringhoven?)—. Instalación, 5 esculturas impresas en 3D y pintadas de azul. La artista escanea su cuerpo en poses de “descanso”. A mi me parecen más bien poses e s t i r a d a s o contraídas. ¿Qué las distingue de un maniquí?

—> Museo Provincial de Fotografía Palacio Dionisi. Sin comentarios.
—> Museo de Arte Urbano. Más interesante el edificio en sí que lo que contiene.
—> Museo Bienal ICAA. herbert read marta traba oscar curtino alejandra correas de garcía roberto viola raúl pecker manuel reyna alicia silman.
—> Galería Mina.
Romi. Planete Sauvage. El piso. Pinturas. Animales mitológicos, muchos animales en la galería. Post-apocalíptico y pre-civilizatorio. Puede entretenernos una película que trata del fin del mundo, no así un documental que trata sobre personas que viven en esas condiciones. Habría que imaginar una zona en donde ha habido un gran desarrollo industrial. El paisaje va desapareciendo, es sustituido por otro. Los enmarañados bosques están muriendo. El ecosistema es asfixiado por los residuos tóxicos de las fábricas. Los subproductos químicos contaminan el agua de los canales y pantanos. La flora se pulveriza. Las aves endémicas migran hacia un refugio inexistente. Nada es capaz de adaptarse. Los minerales se desintegran. El suelo se calienta, se vuelve polvo; cristal de monstruosas geometrías. El follaje es corrosivo. La tierra se vuelve infértil. No hay salida. Incluso en las tardes de verano, cuando el calor detiene el curso del viento, el humo de las chimeneas oscurece por completo el sol. Brotan en la población obrera aledaña enfermedades respiratorias. El cáncer crece descontrolado en los cuerpos. Los niños nacen con plástico en la sangre. Se estanca el flujo vital. La cadena de producción requiere cada vez menos recursos humanos. La mayoría de los trabajadores temen perder su empleo y ser reemplazados por máquinas. Todo regalo implica un sacrificio: industrialización prometeica. Sin embargo, a estas alturas, nadie se escandaliza. La degradación de la Vida bajo el extractivismo despiadado no es más que un lugar común (o el más común de los lugares).


—> Dragones y rosas. Actual* proyecto de Meche. Dibujo, textil-cemento-silicona, mundo interno, psicoanálisis. Casa-potencia desagregada en infinitas oportunidades (la potencia de crear para ti —y para cada vida, por pequeña que te parezca— la imperiosa necesidad de belleza). A los dos nos gustan las cigarras. La cigarra ha sido comprendida como una criatura solar, melancólica y escurridiza, que canta al borde de su extinción. En el Fedro de Platón, las cigarras son las descendientes de los humanos que olvidaron sus necesidades fisiológicas; mueren entregados al goce del canto de las Musas. Luego, ellas los devuelven a la vida en forma de insectos què vuelven a renovar su (en)canto. Sin embargo, los primeros registros documentados del folclore de las cigarras provienen de China, donde desde el 1500 a. C. se les tallaba en jade y se colocaban en la lengua de los muertos como símbolo de renacimiento. Dibujo. ¿Cómo se consigue? Es la acción de abrirse paso a través de un muro invisible, férreo, medianero entre lo que uno siente y lo que puede, o quizá entre lo que se sabe y lo que no se atreve a preguntar.

—> Bithouse. Inauguración, arte sonoro, instalación, work-café. Puedes ver sin ser visto, escuchar sin ser escuchado, gustar sin ser gustado, oler sin ser olido; mas no tocar sin sentirte tocado.
—> Hotel Inminente. Laboratorio. Breve historia del edificio: de claustro a prostíbulo; de escuela a espacio de arte. intergeneracional. Sofía y Coti. Lo que, al mismo tiempo, hace posible que el ser humano se mantenga en la senda, lo orienta hacia la constitución de una comunidad.



—> EPA (espacio de prácticas artísticas). Guillermo. Casa quemada. Barrio mercado norte. Poesía visual. Recordé un emprendimiento que empecé y que fue un fracaso rotundo. Era una buena idea: poleras con impresiones de poemas visuales. Hice dos: una de Clemente Padín y otra de Guillermo Deisler.

—> Colección José Luis Lorenzo. Textiles argentinos de los 60s. Claudia Mazzola. Mantas. ¿El coleccionista, qué colecciona? ¿Se trata de cosas o antojos? Walter Benjamin, en el Libro de los pasajes, observa que el coleccionista extrae los objetos de su función original y los reubica en un sistema donde adquieren una nueva densidad histórica y afectiva. Allí, cada pieza se convierte en cifra de una época y, a la vez, en una enciclopedia íntima. Sin embargo, el coleccionismo no se agota en la acumulación: es un combate contra la dispersión y el olvido, una forma de memoria en acto que articula lo estético, lo histórico y lo político con la práctica misma de coleccionar. En esa tensión entre fetichismo y salvación, entre orden enciclopédico y desorden vital, el coleccionista aparece como una figura ambigua: archivista y mago, intérprete y obsesivo, cuya misión es siempre inacabada.



—> Estancia Jesuita de Alta Gracia. Edificio. Paseo. Conservación e intervención. La trama invisible.
—> Espacio Colón. Excelente curaduría de Clarisa Appendino. Álbum #6: Escaparates. Toda exposición funciona también como un escaparate: muestra aquello que no podemos tener del todo, y sin embargo nos mantiene cautivos en la órbita de su atracción. Ese juego se intensifica en las obras de Joan Fontcuberta, Liliana Maresca y Antonio Berni, que configuran verdaderos paisajes del deseo donde la mirada del voyeur se mueve entre la fascinación, la curiosidad y la prohibición. En todos los casos, la mujer desnuda aparece como superficie expuesta —pantalla, cartel, carne— que suscita la excitación del espectador en la distancia, bajo la lógica de un deseo que no se consuma. Al percibir el cuerpo como algo real y vivo, somos capaces de desearlo, pero justamente en ese poder de despertar el deseo se funda la prohibición de las imágenes. Así, estas obras no solo encarnan el espectáculo del cuerpo, sino también el tabú de su contemplación: paisajes donde la mirada se intensifica porque sabe que no puede poseer lo que tiene enfrente, y en esa imposibilidad encuentra su goce.
—> Colección Atilio Bugliotti. Damián, mi amigo. El cuerpo, lo abyecto. Por allí cerca, goteando sangre en la verdura, se veía un buey entero partido en dos, colgado de un árbol, sobre el cual seguían operando los cuatro carniceros del regimiento. Una herida de sangre y pus, y el olor dulzón y acre de un sudor de una putrefacción no significan la muerte. Sólo lo humano desarrolla un sentido de lo asqueroso (los animales lo tienen inculcado como una reacción ante un peligro). La reacción de asco puede manifestarse frente a aquello que no representa un peligro. Y podríamos agregar: sólo lo humano puede ser sujeto y objeto de asco. Y en ese sentido, lo asqueroso sería un asunto cotidiano, antes que excepcional. Supone, por lo tanto, un sentido de lo habitual, de lo doméstico, de lo disponible. En El Perfume hay una impresionante descripción de lo que sería la cotidianidad en París en el siglo XVIII. Y no se sirve de la vista sino del olfato: Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excremento de rata, las cocinas a col podrida y grasa de carnero, los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido, los dormitorios a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al pelechante olor dulzón de los orinales.
Las exposiciones reafirman el carácter de las obras. La pregunta es cómo resaltar ese carácter sin interponerse en el camino.
En la organización de exposiciones las obras no deben interponerse en el camino de otras obras.
Una exposición deriva y multiplica la idea de montaje con el propósito de poner en escena problemas que sobrepasan los límites de la representación y que solo el arte está capacitado para reflexionar y fracasar en el intento.


—> El gran vidrio. El vino y la carne y la arquitectura y la charla con Meche sobre el psicoanálisis y sus interpretaciones. La censura del sentido. ¡la hermosura de este trabajo y su alegría! Me agrada estar entre personas bellas. ¿Por qué mentir sobre ello? Los artistas, los pájaros, el agua que corre, la hierba, lo que miramos y no queremos ver, el aire que no se deja encerrar y hasta el arte con los ojos muy abiertos. Algunos dicen que el mundo va a acabar consumido por el fuego; otros, que sepultado bajo el agua. Pero lo más terrible y verdaderamente catastrófico que asociamos a esas imágenes consiste en que la inminencia no sería la extinción de la especie, sino su sobrevivencia más allá del fin del mundo.

Meche me sacó de paseo un día nublado. Casi todos los días en Córdoba fueron nublados. Los rayos solares se apagaron en el cielo antes de llegar a caer sobre la vereda. La exposición de Bancor me daba vueltas a la cabeza. Hacer sentir que el color blanco no resuene solo en el ojo, sino en el espíritu. Máxima del suprematismo ruso. La obra de Maru me trajo de vuelta a la cita. Los nombres de las huérfanas… Nada, es como si estuviera en medio de una niebla espesa, es como si hubiera caído en un mar de leche. La ceguera dicen que es negra. Pues yo lo veo todo blanco. La tendencia a confiar excesivamente en la vista, en detrimento de otros sentidos, ha generado una forma de conocimiento basada en la objetificación del mundo visible: el reino de la imagen, la visión, el color, las formas y el movimiento… todo determina la manera de mirar.

Aparecí de nuevo en Hotel Inminente. La obra de Sofía grita: ¡Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje! Sentir las cosas en sí mismas, porque la realidad es más importante que sentir las obras, aunque a veces una obra se parezca más a la vida que lo que tenemos enfrente. En todo caso, es más fecundo y vivificante que la quietud que se empeña en no moverse. La obra funciona como el puente que te iba a permitir superar el estado de escisión personal, pero te condujo a la misma orilla de la que partiste… Al arrojar la llave, quedó el orificio de la puerta. Pobre de aquel que se atreva a mirar por el ojo de la cerradura; lo que verá es que existimos, lo humano existe, en medio de, sumergido en, la codicia; flujos de sangre. La ruina, la locura, la muerte. Esto acontece en un tiempo que no es narrativo, es un tiempo sin dirección, no tiene un relato, es el tiempo de la materia.

Singularmente cada uno de ellos es una representación o apariencia de cierta cualidad o de otro accidente de un cuerpo exterior a nosotros, de lo que comúnmente llamamos objeto (insertar audio de Man Ray). Ninguna idea nace pura; toda concepción está atravesada por el contacto con el mundo, por la textura de aquello que nos toca antes de que lo pensemos. El origen de todo ello es lo que llamamos sensación (en efecto: no existe ninguna concepción en el intelecto humano que antes no haya sido recibida, totalmente o en parte, por los órganos de los sentidos). Todo lo demás deriva de ese elemento primordial. Incluso estos garabatos.
Al final la Universidad me dijo que no podíamos hacer la itinerancia porque eran muchas las piezas que tendrían que trasladarse…
Las intuiciones que nos alientan a producir funcionan sin considerar nuestras facultades de ejecución; tal es su vicio y su virtud. Pero en la práctica, poco a poco, nos acostumbra a concebir sólo aquello que podemos realizar.
Sin embargo, digo, sin embargo: este viaje me devolvió las ganas de escribir…
ojos quemados
ojos para sentir bien, ahí a la izquierda, el ruido del viento al bajar
coger el color del sol ciego
de calor
de aire seco
de aire
sin aire
un olor cobrizo
desteñido
como el color de las brazas en invierno
ojos con paciencia cristalina
ojos de niño
todo yo concentrado en la mirada
pupilas
atentas
desentorna enormes ojos quietos para mirarme
alzan a duras penas esos párpados negros
pupilas desprovistas de visión y grises de un largo y ancho desgano





