
No puedo controlar el largo de los días ~ Maria Pia Landea y Diego Lucas
TIM Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, Chile ~ 2024
Fotos: Felipe Ugalde, cortesía de los artistas
Texto de Maria Pia Landea:
No puedo controlar el largo de los días nace como declaración espontánea que evidencia una frustración, dada nuestra pequeña cadencia en la dimensión espacio-tiempo. Donde hacemos alegorías banales aludiendo a nuestros tristemente humanos problemas de finitud. Finitud y competencia a veces comprendidos como sinónimos, pero también como múltiplos algorítmicos que fluctúan en el parpadear de esta tierra viscosa y muchas o pocas veces impredecible.
El proyecto “Charcas” nace de la necesidad de replicar un ecosistema abatido por la sequía en el sector de Catapilco, la disminución radical de la especie “sapo de rulo” fue el problema iniciático; y su aspiración de reinserción la ideal expectativa.
El proceso de réplica y reconstrucción, invención y reinvención; nos permitió levantar estos micro y macro fenómenos ambientales. La contemplación, la pausa y el ejercicio desarrollan la producción y reproducción de pequeños mecanismos de acomodo de estos sistemas complejos. Nos enfrentamos invariablemente a dilemas narrativos, éticos y estéticos; donde aprendemos que el porvenir de la vida se promete a través de micro políticas circunstanciales.
Nuestra situación es asombrosamente contradictoria. Por un lado, ese mismo conocimiento significa que perdemos contacto con la realidad que creíamos conocer. Tenemos más detalles y más vacuidad. El alcance de nuestro problema se vuelve cada vez más evidente y cada vez más transparente y escandaloso. Sería directamente imposible trazar un mapa nuevo con nuevas coordenadas. El pensamiento ecológico no tiene centro ni límites. Aunque fuese posible encontrar un centro, ¿sería conveniente?
El pensamiento Ecológico Timothy Morton
Creemos entender que las leyes del antropomorfismo, y quizás también de un atropo mentalismo se desvanecen, ya que nunca existieron. Las escalas y materiales que parecían tener cierta identidad para con los humanos toman significancias salvajemente creativas para aquellos otros seres; el plástico, la arena y el brillo parecen tener un sentir distinto. Los urbanismos naturalísticos que a las charcas acechan responden a cuerpos escultóricos no despojados de morfologías lógicas. Aquí nos encontramos con el estado crítico de la visualidad de lo orgánico, del deseo incrustado en la materialidad de las cosas. En ello exploramos puntos de encuentro entre diagramas explicativos y posibilidades metodológicamente hipotéticas.
La resonancia oscura que producen estos diálogos crípticos entre lo que está ahí fuera nos remite a meta-fenómenos, que ilusoriamente se resuelven en ascetismos curvos u abstracciones platónicas, representaciones etéreas de la inmensidad y de los fenómenos que de ella brotan. La complejidad terrosa y burbujeante se acopla en un espiral sin fin de capas que se superponen, se rozan, se esconden, se difuminan e interactúan entre ellas formando nuevas operaciones a múltiples escalas “No puedo controlar el largo de los días” nos resulta una especie de ideario explorativo, donde pudimos plastificar ciertas ideas/anotaciones respecto a la complejidad de los comportamientos de macro y micro fenómenos relacionados a la ciclicidad y la existencia.
꧁꧂
Todo su paraíso se llama agua
por José Domingo Martínez
Diego, Pía, Ryunosuke, Otros.
Agua del baño desechada: una rana fue allí a morir.
¡Triste perspectiva para la ranita que pensando encontrar una posa fresca para su reproducción y solaz acabó asfixiada en medio del agua gris y grasienta saturada de jabón.
*
Los recuerdo. Eran una familia muy piadosa. Se bañaban todos los días en el río. En invierno, si el agua se congelaba, abrían de un hachazo un agujero en medio del hielo para sumergirse. El viejo mientras me sonreía me explicaba que también era para que el agua “se aireara”.
En ese momento yo no le creí nada.
Cuando llovía surcaban unos canales pequeños desde el río, el caudal se distribuía por un sistema de posas y humedales que habían creado. Dejaban en ellos unas láminas de no sé qué material suspendidas en el agua, palacios de un centímetro de altura para sus moradores.
Cuando el sol quemaba, armaban atados de juncos, otra especie de laberinto que esta vez servía para proyectar sombras. Se formaba una especie de refrigerador al aire libre, como si uno entrara a la pieza más fresca de una casa invisible.
Una vez, en medio de un incendio terrible, la piedad de esta familia obró el milagro de que el fuego la evitase y respetase su casa y su predio, mientras todo ardía por fuera de este polígono.
*
—Ranita verde ¿te han dado por el cuerpo brochazos de pintura?
—No, quedo así cuando me bronceo, de guata al sol, me inflo completa, los rayos penetran cada célula de mi piel, cuando me contraigo me pongo toda dorada por abajo, y es el contraste en el valor y los tonos lo que hace que mi espalda se me vea tan verde.
*
En medio de la tos y los escupos.





