
No soy el hombre que crees que soy ~ Douglas de Souza
Galería Cavalo, Rio de Janeiro, Brasil ~ 2024
Fotos: cortesía de Galería Cavalo
Texto por Ulisses Carrilho:
En la tierra somos brevemente hermosas
Far above the Moon
The planet Earth is blue
And there’s nothing I can do
David Bowie
Con motivo de la muerte de David Bowie, un artículo publicado en la revista “Frieze” planteó al público una determinada pregunta: “¿Recuerdas cuándo empezaste a leer?”.
Esta pregunta, sin embargo, no se refería a los procesos de alfabetización pura o escolarización: “¿Cuándo empezaste a leer el mundo que te rodea? ¿Cuándo adquirió un objeto cierta forma?”. El texto, ebrio de cierto ethos adolescente, sigue interrogándose sobre cuándo decidimos vestirnos de determinada manera o cuándo comenzamos a comprender la importancia de las emociones que evoca el timbre de una determinada canción, una canción que resuena profundamente y genera recuerdos.
En el artículo “Hang on to Yourself”, el crítico estadounidense Dan Fox insinúa en el subtítulo de su texto una función alternativa para la cultura pop: David Bowie como escuela de arte. En sus especulaciones, Fox sigue imaginando el papel que podría tener un/a amigo/a, un/a profesor/a o un/a hermano/a mayor que enseñó, cuando era adolescente, a olfatear nuevas ideas. O, como ejemplifica el autor, esta función pudo haberla cumplido también una enigmática nota impresa en la contraportada de un álbum de David Bowie.
Desde una interpretación personal, especulo que el autor está recordando un cierto sentimiento inaugural de identificación y pertenencia que sentimos al escuchar la rebelión ajena: una cierta idea de exorbitancia, de no encajar en el mundo. Si este sentimiento de insuficiencia es común en la adolescencia, no es exagerado imaginar que se revela durante más tiempo en las biografías de personas que no se adaptan a la cisheteronorma y a los paradigmas del patriarcado.
“No soy el hombre que crees que soy”, el título elegido por Douglas de Souza para su exposición en la galería Cavalo donde bebe de la fuente nutritiva del pop –desde la industria cultural de masas hasta el underground y sus subculturas–, por citar una canción específica del grupo The Smiths: Pretty Girls Make Graves. En esta expresión idiomática inglesa, “Pretty Women Make Graves” que data del siglo XIX, se nos advierte de los posibles peligros que encierra la belleza, generalmente interpretada como una observación irónica sobre cómo la belleza puede ser una maldición. En esta exposición, sin embargo, no nos llama sólo el título de la canción – el peligro de la belleza – sino un extracto – que nos recuerda la quiebra de las ideas preconcebidas. El artista nos advierte que las imágenes que se revelan a primera vista merecen, por parte de nosotros, los espectadores, una cierta mesura, quizás una doble lectura. En otras ocasiones, la obra del artista ha sido descrita e interpretada a la luz de una perspectiva queer –con un alegre recurso poético, el texto trajo la idea de un “Barniz Bicha” presente en las obras de Douglas de Souza. Para cualquier interesado en descifrar las desventuras que vemos representadas en los objetos sobre las pantallas que vemos en esta exposición, tendremos que fijarnos en sus símbolos y signos.
Si se lee, dicha información juega precisamente con una cierta idea de engaño: el caballo, el cisne, el ciervo y el gallo. No son animales los que vemos representados en la pantalla: sino imágenes como ideas, códigos culturales. Entre baratijas y emblemas de la industria del automóvil abundan los objetos fetiche. Desde lo alto de los estantes, almacenadas con celo, o en el borde de la carrocería de nuestras máquinas de velocidad, estas imágenes exponen sus poderes simbólicos –y sospecho que es al abordar este marco de imágenes que surge el deseo del artista por ejercer la representación. Las imágenes resultan seductoras, pero no sólo eso: están llenas de brillo, además de ser la oportunidad para el ejercicio técnico de representar la luz que se revela en la superficie de un objeto, también es la oportunidad de mostrarse en la superficie. La superficie de estos pequeños ciervos, sementales, gallos y cisnes de cuello fálico reflejan con graciosos gestos todas las posibilidades del mundo. “El hecho principal del siglo XX es el concepto de posibilidades ilimitadas”. J. G Ballard, autor de esta frase, escribió en los años 1970 una obra paradigmática: Crash!, una novela que pretendía utilizar los coches en una simbiosis pornográfica con los cuerpos humanos. “Las opciones se multiplican a nuestro alrededor, vivimos en un mundo casi infantil donde cualquier demanda, cualquier posibilidad, ya sean estilos de vida, viajes, roles e identidades sexuales, puede satisfacerse instantáneamente”.
Douglas de Souza mezcla en su imaginario una estética de la cultura de masas con colores efervescentes, cálidos, palpitantes, exuberantes, seductores, en combinación con grises metálicos y reflectantes, cromos brillantes que a veces contrastan con tonos culturalmente ligados a la dulzura, a los estereotipos de una mujer domesticada por tonos pastel, que escapan de tonos vibrantes, encantados por una esfera de infantilización. Es en tal juego de yuxtaposiciones y contrastes donde los Raging Stallions del porno se encuentran con los lazos del barroco; que el cisne de Leda está representado en la coraza protectora de un objeto como un casco de moto; que la superficie protectora se convierta en soporte del adorno, del artificio, del truco; que el animal se convierta en punta de lanza, signo de poder, estereotipo de masculinidad, medida de fuerza. En el vocabulario estético de Douglas de Souza, baratijas e insignias de equipo parecen profanadas por igual, sometidas a la categoría de chuchería de una sociedad empapada en el deseo de consumir y construir identificaciones, dobles y pertenencias. El pintor parece utilizar su capacidad técnica para reproducir imágenes del mundo con cierta ironía, como si se atreviera a construir realidades más duras con pinturas de encantamiento. Si es cierto que las imágenes que pinta tienen ese barniz metafórico queer, debemos prestar atención al hecho de que no lo hace sólo en torno a imágenes del llamado vocabulario queer. Toma para sí, para sus pinturas y su pincel, la posibilidad de retomar motivos de la pintura tradicional. Entre la naturaleza de la muerte y la naturaleza muerta, está el intento siempre fallido –y precisamente por eso, subversivo– de estancar el tiempo de las cosas y convertirlas en imágenes. Como dice el título de este texto, “Briefly Gorgeous”.
- libre interpretación del título de la novela de Ocean Vuong.
- Hang on to Yourself: David Bowie as Art School. By Dan Fox, Frieze, 2016
- Introduction to the French version of Crash!, by J. G. Ballard, 1974
- Minimalism, abstraction eccentricity and queer subversion in “Pour une esthétique de l’Émancipation – construe les lignes d’une art queer”, by Isabelle Alfonsi






