The Parthenon of Books (1983/2017)

Marta Minujín, Argentina.

Documenta 14 – Kassel, Alemania. 2017

 

El Partenón de Minujín,  creado en 1983 para celebrar el regreso de la democracia a la Argentina, se adapta este 2017 a los desafíos que enfrenta  el mundo, como “un símbolo de resistencia a la represión política”.

La nueva réplica del templo griego que Minujín levantó en la plaza Friedrichsplatz de Kassel -donde en mayo de 1933 los nazis quemaron dos mil libros- consta de una gran estructura de metal de 35 x 70 x 22 metros, con 48 columnas, las cuales estan revestidas de libros envasados en bolsas transparentes y provenientes de todas partes del mundo.

El Partenón se completará en el trascurrir de la muestra y finalmente quedará cubierto por 55.000 libros que estuvieron “censurados”.
La Universidad de Kassel es -por azar- la institución que tiene el catálogo de libros prohibidos más completo del mundo.

 

“El Parthenon fué construido en Atenas bajo la instigación de Pericles, con la supervisión del escultor Phidias, entre 447 y 38 AC.

La estructura tiene diez metros de altura por setenta metros de largo y treinta metros de ancho. El templo fue concebido para albergar una colosal estatua de oro de Atenea, así como el tesoro de la Liga Deliana y las reservas de plata de la ciudad. En caso de un ataque persa, estos metales preciosos podrían fundirse y convertirse en nuevas monedas para financiar la guerra.

Transformado en una iglesia cristiana en la Edad Media, luego en una mezquita durante el Renacimiento, el Partenón desconsagrado de la época moderna se convirtió en un símbolo de la democracia y de la supremacía cultural occidental.

Marta Minujín, se apoderó de este arquetipo estético y político de la democracia para su propia situación: corrompida por una dictadura “católica nacional” que reinó en Argentina hasta 1983, volvió a poner en circulación el ideal democrático cuando cayó la junta militar.

Su proyecto artístico fue parte de su serie “La caída de los mitos universales” que se apropió iconos monumentales para replicarlos, desmenuzarlos y redistribuirlos en el ámbito público. De cierta manera, el artista devuelve a estos símbolos -reifificados y confiscados por la institucionalización o la capitalización- su condición de ofrendas.

Para El Partenón de libros, 25.000 libros, tomados de las bodegas donde habían sido encerrados por los militares, cubrían una réplica a escala del edificio griego; Construido en tubos de metal y elevado a un lado, este Partenón fue colocado en una plaza pública en el sur de Buenos Aires.

Los monumentos de Minujín a la democracia y a la educación a través del arte, reavivan las ceremonias de las sociedades arcaicas -contrariamente a la prohibición de los libros por parte del ejército de la Junta ya la privatización de la propiedad pública que al especular sobre la deuda del Estado- -sectoriales y crea escasez social. En sus proyectos de participación masiva, Minujín redescubre el valor inicial de un tesoro colectivo; Ella derrite el capital compartido de nuevo hacia abajo en la moneda cultural sin resto. Establece la verticalidad de los edificios públicos que encarnan el conocimiento cultural confiscado y una herencia oculta. Ella dilapida la fortuna que representan estos mitos. Al inclinar literalmente estos símbolos, Minujín no sólo da un nuevo significado a estos monumentos, sino que les ofrece una nueva sensualidad.”

 

Pierre Bal-Blanc