
entre~vista~ Nicolás Astorga ~ Nunca seré mas joven que ese día
Museo de Arte Contemporáneo MAC Sede Parque Forestal, Santiago de Chile, Chile ~ 2024
Curaduría: Céline Fercovic
Fotos: cortesía del artista
Nicolas Astorga presenta una serie de esculturas y textiles que nos insertan en reflexiones y explosiones de su fuero íntimo. A partir de sus creaciones el artista explora experiencias personales y sentimientos como ganas de vengarse, de revertir momentos de vulnerabilidad y/o de atesorar recuerdos tan románticos como violentos exponiendo la condición humana contemporánea a flor de piel.
(…) “En otros tiempos, los jóvenes estaban preocupados por otras cosas. Tenían más oportunidades de estudiar, y tenían más oportunidades de participación política. Y ahora no. Ahora, eran pocas las cosas que había que hacer. Lo único que quedaba, era imitar ciertos patrones musicales extranjeros,
y empezar a contar las verdades”, dijo en una entrevista un joven Jorge González. Aunque obviamente hablaba de él y de su trabajo, en esta frase González demarca algunas características de la producción cultural chilena contemporánea: una mezcla de nostalgia, decepción y rabia, y una particular capacidad de hacer propias las corrientes y estéticas del, mal llamado, primer mundo.” fragmento del texto de Céline Fercovic.
En conversación con el artista profundizamos más acerca de esta exposición.
M.L.M:. ¿Qué nos podes compartir sobre el título de la muestra “Nunca seré más joven que ese día”?
N.A.: El título de la exposición representa tanto a una celebración como a un funeral de mi juventud. Se trata de un abandono o de una pérdida. Por ejemplo, en español decimos ¨perder la virginidad¨, una cuestión obviamente relacionada con la religión, pero también que habla de cierta inocencia que se deja de tener, o que nos es quitada. Aunque en realidad estemos ganando experiencias, seguiremos usando esa frasecita en la vida cotidiana. Nunca seré más joven que ese día referencia a todas esas instancias vividas de las cuales no podemos deshacernos, de una marca, de un día cero y de las heridas del pasado, de eso que nunca volverá a ser igual. También es un guiño al coming-of-age, categoría cinematográfica para las películas adolescentes que hablan del crecimiento de un personaje, de las emociones y de la percepción de la realidad, del vivir una experiencia que obliga a madurar o cambiar la mirada sobre la vida y la manera de comprender el mundo.
Por otro lado, el título también es un llamado a pensar en el tiempo y en el momento presente, te enclava en un momento específico de la vida y te moviliza a considerar el tiempo de forma no lineal, porque, qué pasa si en verdad fui más viejo antes que ahora, más consciente, menos errático en la infancia que en la adultez. Tiene también esas derivas.
El título, finalmente, levanta una pregunta que debería ser contestada por cada espectador que visita o visitó la muestra, el recordar o reflexionar en eso que lo hizo ser más joven que nunca o lo obligó a crecer.
M.L.M.: Esta muestra desnuda cuestiones propias de la condición humana cuando se encuentra en un estado de fragilidad y vulnerabilidad. Sobre esto me interesa consultarte, ¿los momentos, recuerdos y frases expuestas están seleccionadas deliberadamente o hay algo de espontaneidad e instantáneo en la construcción de las piezas? ¿Cómo resulta tu proceso de creación trabajando desde emociones y experiencias tan personales?
N.A.: La mayoría de los títulos y obras de la muestra fueron realizadas mientras transcribía mis sesiones de psicoanálisis por dos años, fue a través de ese proceso que se fueron construyendo. Por lo tanto, provienen de estados delirantes de la conciencia y asociaciones libres generadas en el espacio de terapia sobre el diván. Las obras hechas en madera con motosierra fueron concebidas desde una impulsividad similar a esa forma de construir lenguaje propio de la práctica psicoanalítica o cuando uno escribe con rabia o profunda tristeza en el diario de vida. El principio y el fin de estas obras es dar cuenta de esos estados mentales donde el cuerpo y la mente están en piloto automático siendo conducidos por las emociones, los afectos y las lesiones que estas conllevan.
La muestra, en general, intenta ser un puente entre violencia y vulnerabilidad, eso que quiere permanecer oculto y eso que es atesorado en la memoria. El proceso de creación a partir de este modo de producir es muchas veces como una expulsión efusiva, un disparo a ciegas o una detonación sin medir consecuencias, para posteriormente reflexionar y tomar distancia, bordar lentamente, modelar o esculpir eso que fue desenterrado.
Pienso que por eso Céline Fercovic, la curadora de la muestra tituló su texto Fragmentos de un artefacto explosivo y dice que desde mi exaltación y turbado por pensamientos intrusivos, yo “vocifero a través de diarios de vida y objetos” como una forma de conocerme a mí mismo y “de expresar deseos y frustraciones que chocan con estructuras normativas”. Y esto lo relaciona con las indagaciones de Maggie Nelson en El arte de la crueldad y, más, con la propuesta de Julia Kristeva en Historias de Amor. En nuestras conversaciones, hablamos de muchas autoras y autores, pero especialmente de Suely Rolnik, quien estuvo en Chile en agosto de este año, y que se cuestiona o problematiza la producción de la subjetividad, pero también abre fibras o posibilidades para poder hablar de la vitalidad de ciertas propuestas artísticas, de activar la sensibilidad y la memoria física y afectiva de las sensaciones, de considerar cómo las fuerzas del presente afectan el cuerpo del artista.
Conversamos también sobre el realismo capitalista de Fischer y de la constante pesadumbre, ansiedad, estrés y depresión en la que vivimos y de cómo toda esa infelicidad nos lleva a explotar de distintas maneras. Entonces, si bien la exposición tiene algo muy personal, aquello es transferible a un contexto de descontento generalizado y profundamente doloroso, por muy superficial que sea esa fuente de dolor.
M.L.M:. “(..) A partir de declaraciones sexualmente explícitas, malos augurios y transcripciones de sesiones de psicoanálisis, las obras contienen o, mejor dicho, liberan esa catarsis expresionista. Sin embargo, aunque la referencia artística mencionada sea occidental, la angustia de Astorga es sudamericana.” ¿De qué manera ves reflejada “la angustia sudamericana” en esta exposición? ¿Cómo impacta el contexto sociopolítico que hacen mención en la construcción de tus relaciones/obras?
N.A.: Se refiere a mi lugar de habla. La forma en que me he construido está cruzada por haber nacido y haber sido criado en un contexto sudamericano. Quizás puedo cambiar y ser otro, puedo inventarme y reinventarme, pero jamás podré borrar ese lugar de enunciación y de origen. Por ejemplo, la angustia frente a la incertidumbre, la angustia a la discriminación, la angustia de cargar con una historia que hasta el día de hoy se pone en entredicho o se vanagloria: la dictadura y sus consecuencias. La herencia de un trauma histórico y cómo la conducta de una generación se ve marcada por grietas de un pasado que sigue presente día a día, en los espacios familiares, medios de comunicación o agendas políticas. De todos modos, lo de “angustia sudamericana” es solo una interpretación o posibilidad de lectura extensible a las obras y a la exposición completa. Siendo muy sincero, no pienso que ello sea estrictamente definitorio en esta muestra.
M.L.M:. ¿Qué resonancias y cruces podemos encontrar entre lo simbólico de tu trabajo, lo explícito y los materiales/técnicas que utilizaste para su construcción?
N.A.: Un cruce importante está entre materiales blandos y materiales duros, entre grabados, fotografías, textiles y maderas, entre el bordado a mano con aguja dentro del departamento y el tallado con motosierra en un taller al aire libre, entre la ternura y el resentimiento. Hay muchos contrastes en términos simbólicos, técnicos y materiales y también paralelismos a las prácticas que se asocian a las mujeres o a lo femenino y a los hombres o a lo masculino. Son espacios mixtos, no blancos o negros o binarios. Y estos cruces dan cuenta tanto de los referentes artísticos que llevo adentro, como también de mi biografía y de lo que me interesa explorar en mi práctica artística. Lo explícito da cuenta de un quehacer arrebatado, cargado de deseo y fuerza libidinal. Lo simbólico tiene que ver con un espacio más sensible y frágil de mi psicología y del cómo poder acceder a esas pasiones. Específicamente, el uso de la aguja sobre una tela para construir sentido, imagen y texto da cuenta de una herida permanente, una forma de fabricar recordando y dejando una huella, deshaciéndome de eso que siento, pienso o padezco.
M.L.M.: ¿Crees que hoy en día, en el contexto específico de Chile, es importante dar espacios para la creación de lo políticamente incorrecto? Si es así, ¿por qué?
N.A:. No lo sé. Por una parte, con “políticamente incorrecto” pueden entenderse cosas terribles como negar o relativizar el holocausto, los crímenes de Videla en Argentina o cualquier proceso histórico en el que hemos acordado, como comunidad de personas, no repetir y no olvidar. Todo eso no puede estar más lejos de esta exposición ni de lo que pienso que los espacios vinculados con el arte deberían abrirse a mostrar. Quizás suena un poco “moralista”, pero estoy siendo honesto. Por otro lado, y más ligado al sentido de esta muestra, lo políticamente incorrecto es pensado como lenguajes cotidianos (poco académicos) que pueden molestar o incomodar. Son registros informales, ideas abiertas que se van construyendo en el proceso y que discuten con los discursos conservadores. Algo que muchos piensan o sienten y no se atreven a decir, eso que es tabú o prohibido de expresar en público: atravesar o abandonar la culpa o la vergüenza. Tratar de salir de lo “correcto”, es tratar de salir de los parámetros morales que se nos imponen y hasta llegan a conformarnos. Verlos desde fuera y pensar cómo nos cruzan el cuerpo y la vida, y cómo podríamos configurar otros nuevos, individual y colectivamente. En ese sentido sí, ojalá existan espacios abiertos a discutir y proponer sin miedo, sin que se considere un desafío a la institucionalidad o a la identidad de un país, y preguntarnos en todos los campos, pero más profundamente desde las artes, quiénes somos y quiénes queremos ser.














