
entre~vista ~ Matias Duville sobre Monitor Ying Yang ~ Pabellón Argentino en 61ª Bienal de Venecia
Pabellón Argentino en la 61° Bienal de Venecia, Venecia, Italia ~ 2026
Fotos: Giacomo Bianco, cortesía de Barro.
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Sal, carbón y gravedad; monitores, sonido y circulación. Para el Pabellón Argentino de la 61.ª Bienal de Venecia, se presenta Monitor Ying Yang, una instalación de Matías Duville con curaduría de Josefina Barcia que amplifica la experiencia del dibujo a través de la expansión de su recorrido y de una observación atenta de sus transformaciones sutiles. Se trata de la primera vez que el artista realiza una obra de estas dimensiones directamente sobre el suelo, expuesta al tránsito, al desgaste y a la fragilidad.
En Monitor Ying Yang el horizonte se construye a partir de contrastes, sonidos e imágenes abstractas junto a elementos recurrentes del imaginario de Matias; recuerdos sobre su geografía personal, la contemplación del trayecto de paisajes de distancias extensas, su vínculo con el mar y la Patagonia. Sobre la superficie aparecen vestigios de naturaleza, animales, electrodomésticos, huellas y cosas que parecen habitar un territorio de ruina suspendida preservada por la sal.
Hay otras capas de inmersión en Monitor Ying Yang, desde el espacio de monitoreo de la propia instalación, hasta los sonidos ambientes fusionados con una composición sonora original diseñada por Centolla Society (proyecto de Matías Duville junto a su hermano Pablo Duville) en colaboración con Alvise Vidolin y el equipo del Centro di Sonología Computazionale (CSC) de la Universidad de Padua.
En conversación con Matias y Josefina, profundizamos sobre algunas ideas, formas y el contexto en donde sucede Monitor Ying Yang.

Mercedes López Moreyra: El registro que llega a la distancia, es un gran dibujo sobre el suelo, con varias capas de experiencia para su contemplación. Al paisaje desplegado en sal y carbón se suman el sonido, los monitores y el recorrido. En relación con su contenido y narrativa, ¿Qué nos podés compartir acerca de los elementos y las figuras que lo conforman? ¿Cómo aparece la intención de incorporar al dibujo una atmósfera sensorial y vivencial?
Matías Duville: El dibujo aparece inicialmente como una imagen que puede verse a la distancia, pero a medida que uno se acerca y lo transita empieza a desarmarse y a transformarse en otra cosa. Me interesaba trabajar con esa oscilación entre una visión general y una serie de fragmentos o situaciones que aparecen durante el recorrido y se van vinculando componiendo el todo. Las imágenes que conforman el paisaje no responden a una narrativa cerrada ni remiten a un lugar específico; funcionan más bien como un territorio donde conviven accidentes geográficos, sistemas de observación, rastros o señales. Algunas formas pueden recordar montañas, caminos, horizontes o ruinas, pero nunca terminan de fijarse del todo.
La incorporación del sonido, los monitores y el recorrido surge de la necesidad de expandir el dibujo hacia una experiencia más física. Desde el comienzo pensé la instalación como un paisaje que pudiera ser atravesado más que contemplado. A medida que uno se desplaza por el espacio, el sonido, la luz y la propia presencia de los visitantes activan distintas lecturas de la obra. El paisaje permanece abierto, en transformación constante y cada recorrido construye una experiencia diferente.

M.L.M: En esta obra realizadas sobre el suelo, la sal y el carbón funcionan como materiales atravesados por la gravedad, la volatilidad y lo efímero. ¿Cómo surge tu interés por trabajar directamente sobre el piso? ¿Qué particularidades del espacio, los materiales y la horizontalidad te interesa explorar?
M.D: Trabajar sobre el suelo fue una decisión bastante natural dentro del proyecto. Desde el comienzo me interesaba pensar el dibujo como un paisaje y no solamente como una imagen. Las características del pabellón, sus dimensiones y las columnas ya planteaban una relación muy física con el espacio. Apareció entonces la posibilidad de llevar esa idea a una escala real y pensar el dibujo menos como una superficie de representación y más como un territorio que pudiera ser recorrido. Involucrarse física y mentalmente.
La sal y el carbón son materiales que ya traen consigo una historia y un tiempo propios. La sal remite a procesos geológicos muy antiguos, mientras que el carbón proviene de materia orgánica transformada por combustión. También existe una relación física muy particular entre ambos: absorción y reflejo, negro y blanco, estabilidad y transformación. Al estar directamente sobre el piso aparecen además otras condiciones vinculadas a la gravedad, al desplazamiento y a cierta fragilidad. Los materiales se modifican, se mezclan y se desplazan ligeramente. Esa condición efímera no funciona como algo externo a la obra, sino como parte de su propia estructura. Esa condición entre lo transformable y lo efímero conectan al espectador con la idea de que cada pasaje por Monitor Yin Yang será único e irrepetible.

M.L.M: En el título, la palabra Monitor adquiere un protagonismo particular y, de algún modo, nos predispone a detectar ese concepto al observar la instalación. ¿Cómo se llegó a la elección del título y qué lugar ocupa la idea de “monitor” dentro de la obra? ¿Qué reflexiones creen que se activan en relación con la experiencia del paisaje dibujado, el tiempo de su recorrido y aquello que es monitoreado?
Josefina Barcia: La palabra monitor apareció bastante temprano porque introducía una tensión que nos interesaba dentro del proyecto. Puede remitir a observación, medición o vigilancia, pero también a algo más ambiguo: una presencia que registra, acompaña o incluso orienta procesos que están ocurriendo. Pensar la palabra monitor en inglés como verbo (to monitor o monitorear) o sustantivo (monitor, screen pantalla) complejiza la relación con el concepto de Yin Yang en el título. La dualidad de fuerzas complementarias son a la vez reproducción en tanto se proyectan como imagen digital, e inmediatamente se vuelven presentación, porque existen como un dibujo tangible en donde el monitor existe como idea de un ojo avizor del territorio.
Nos interesa pensar qué sucede cuando un paisaje deja de ser entendido únicamente como un territorio físico y empieza a aparecer atravesado por sistemas de información, dispositivos o formas de registro. En la instalación existen monitores como objetos concretos, pero también la propia obra funciona como una superficie de inscripción donde distintas variables -materiales, tiempo, sonido y recorridos- dejan huellas y producen transformaciones.
También hay una relación con el tiempo: la obra no se presenta de una sola vez, sino que se construye a medida que se la atraviesa. Tal vez las preguntas surgen ahí: qué es lo que observamos realmente, qué permanece invisible y cuáles son las formas con las que hoy construimos una experiencia del paisaje.
Aunque la palabra monitor remita más a lo visual, desde lo sonoro también se manifiesta, dado que el soundscape se nutre de la lectura de datos que vienen del monitoreo de las partículas del aire de la ciudad. De ese modo el concepto Monitor Yin Yang también se manifiesta en clave aérea y sonora, completando con una dimensión atmosférica el concepto de territorio.
M.L.M: Leyendo, viendo imágenes e interacciones sobre la obra persiste la idea del paisaje inestable, característica esencial por su condición efímera, pero también se abre a una lectura sobre la fragilidad y algo de post-apocalíptico. En el contexto actual, marcado por importantes crisis políticas, ambientales y guerras que atraviesan también el marco de la Bienal, “Monitor Ying Yang” parece abrirse a resonancias inevitables con el presente.¿Encuentran puntos de conexión entre esta obra y el estado de convulsión e incertidumbre contemporáneo? ¿De qué manera creen que este paisaje dialoga con las tensiones del mundo actual?
J.B: La obra no surge de una intención de representar acontecimientos específicos ni de producir una lectura directa sobre el presente. Pero inevitablemente está atravesada por el contexto desde el que surge y desde el que es leída.
La idea de un paisaje inestable estuvo presente desde el comienzo en la propia naturaleza del proyecto: materiales efímeros, transformaciones constantes y una imagen que nunca permanece completamente fija. Probablemente esa condición encuentre hoy otras resonancias. Vivimos un momento en el que nuestra relación con el territorio, los recursos, la tecnología y los sistemas de información se vuelve cada vez más compleja. Los paisajes ya no son solamente espacios físicos; también están atravesados por procesos ecológicos, políticos y tecnológicos que modifican nuestra forma de habitarlos y comprenderlos, muchas veces a través de sistemas que operan de manera casi invisible y modifican nuestra percepción.
Más que proponer una imagen postapocalíptica, nos interesa pensar el paisaje en clave performática, como algo vivo y en permanente transformación. Un espacio donde distintas tensiones conviven sin llegar a resolverse completamente. La obra no intenta afirmar algo sobre el presente, sino abrir un lugar donde ciertas preguntas puedan permanecer activas y así el visitante se vuelva parte intrínseca de ese presente.








