Welcome to Parime

Andres Matias Pinilla, Colombia.

 

Espacio El Dorado. Bogotá, Colombia.
Texto de Natalia Castillo

 
Parime: lugar anhelado, Dorado como mito y leyenda, utopía que atrajo conquistadores a la tierra de los sueños, a la América fértil y virgen, selva inexplorada a la espera de ser dominada y explotada, a visiones de oro y riqueza que encarnarían todas las ambiciones de Occidente y sus ansias de expansión que serían mediadas por procesos violentos y desgarradores. Welcome to Parime, exposición de Andrés Matías Pinilla, explora este concepto del Dorado como objeto, metal y fruto codiciado, oro y piña arrancados de las entrañas americanas y transportados al viejo mundo (o al norte del nuevo) para hacerse símbolos de estatus y poder.

 

Pero más allá de ello ahonda en los diversos niveles del concepto: El Dorado que se hace símbolo en el que los sueños y anhelos de muchos caben, ideal inalcanzable que en el presente se asocia al sueño americano y el consumo que lo posibilita, al dinero fácil y en nuestras tierras a las mecánicas y disposiciones del narcoterrorismo y su capacidad de proveer acceso a la riqueza y al éxito inmediato, más allá de toda noción de clase, legado o herencia. El Dorado como sueño que se desdibuja a medida que se avanza en su búsqueda debido a la violencia que genera y réplica los procesos de ruptura y transgresión con que se fundaron nuestras naciones y que en Colombia deja a su paso una estética particular y novedosa, marcada por los destellos y la ostentación, el lujo y acceso que se hace el nuevo Dorado de todos los que parten en busca del éxito fácil a pesar de las problemáticas sociales que ello pueda implicar.

 

Finalmente, El Dorado como visión del presente, que perdura más allá de los siglos, exotización del otro americano que se ve desde las esferas de poder económico eurocéntrico aún como tierra abierta a la explotación y a la reproducción de las estrategias de mercado del llamado primer mundo, multinivel que promete la libertad suprema; América que se ve desde las esferas intelectuales como lugar de réplica e imitación y desde las culturales y artísticas como fuente de talento joven y fresco, de arte “exótico” por su origen y procedencia, por su visión crítica del mundo del cual se alimenta y se vuelve objeto de deseo y fetichización para coleccionistas del mundo entero.

 

La obra de Andrés Matías Pinilla explora y gravita entorno a estos conceptos, pasado y presente, Dorado como símbolo que trasciende las barreras espacio temporales y encarna los sueños de nuestros antiguos y nuevos colonizadores, de nuestros propios espejismos y búsquedas, el Dorado que se hace pirámide, piña, obra de arte, artista: objetos y seres que se tergiversan y transfiguran en medio de procesos de transculturación que más allá de su propia lógica coexisten como aristas de una misma utopía, de esa América que ofrece y consume, idealización y objetificación de nuestra propia realidad de la que nos hacemos cómplices o detractores dependiendo del discurso que defendamos. Andrés Matías no adopta ninguna postura: su obra explora y presenta, busca encarnar procesos y manifestar a través de diversos medios y formatos aquello que en la realidad se mezcla y confunde, las distintas búsquedas y caminos que se tejen en torno al Dorado.

 
La pirámide objeto-camino-negocio y los sueños económicos que la misma proyecta como espejismos inalcanzables y peligrosos, arenas movedizas en las que muchos pueden sucumbir por no advertir a tiempo el peligro que encarna la utopía se hace elemento central de la obra. Por otra parte, el fruto americano, la piña, presentada en permanente tensión con los contextos en que se hace símbolo irrefutable de aquello que somos o podríamos ser, de aquello que los “otros” codician y anhelan adquiere protagonismo y es presentada por el artista, más allá de las imágenes que la historia, la ciencia, el arte y el mundo del comercio han elaborado, desde una estética particular y única, piña que se hace papel y trazo, escala cromática y mundo de reflejos que se hacen una nueva representación icónica de lo que América como fruto es o representa, desde la complejidad y fragmentación posmodernas.

 

 
Foto: Oscar Monsalve
Cortesía Espacio El Dorado