Sumak Kawsay

Maria Ibanez Lago, Bianca Lee Vasquez, Constanza Piaggio & Chantal Raguet – Argentina, Cuba y Francia.

Château de la Caze, Casteljaloux, Francia – 2020
Organizado por Dedans-dehors.
Fotos: cortesía de la artista Constanza Piaggio.

La asociación Dedans-Dehors invita durante el verano a artistas contemporáneos a realizar creaciones in situ para intervenir el Château de la Caze y su parque.
El castillo, un edificio del siglo XVII declarado monumento histórico en 2008, funciona intermitentemente como una residencia para artistas, recibiendo al público en este marco patrimonial para el descubrimiento del arte contemporáneo.
Este año Dedans-Dehors invitó a cuatro artistas mujeres, tres de ellas latinoamericanas, María Ibáñez Lago (argentina), Bianca Lee Vasquez (cubanoamericana), Constanza Piaggio (argentina) y Chantal Raguet (francesa) a instalar sus obras en las salas del castillo y en su capilla.

El título de la exposición «Sumak Kawsay» hace referencia su significado; kawasy en Kichwa se refiere a la vida como una entidad activa que incluye a los seres humanos y a la naturaleza la cual esta dotada de energía propia; en cuanto al sumak, es la concreción de la belleza, la armonía física y espiritual.
Las obras de estas cuatro artistas se apropian de este concepto en sus diferentes formas: la arquitectura vegetal, las plantas de poder, la sensualidad floral o la ferocidad animal, uniendo lo humano a cada uno de estos atributos. Todas se insertan en la arquitectura particular del castillo, y dialogan con las diferentes funciones de los espacios.

María Ibanez Lago instala piezas del proyecto Aldiss en la capilla y en el salón de música. Aldiss es un laboratorio de producción de maquetas para el estudio de diferentes formas de crecimiento de las plantas. Es un trabajo de modelado geométrico a partir de los materiales de la pintura, pensado como una extensión de la superficie hacia las tres dimensiones. La investigación ficcional de este laboratorio se basa en encontrar formas de nuevas especies en vistas de la adaptación a una realidad diferente, construyendo una utopía a partir de los restos de futuras ruinas. El mundo vegetal se ve como una reserva de energía, vinculada a la alquimia de la fotosíntesis y el poder de sanación. Las plantas se contemplan a través del filtro nostálgico de su desaparición y se consideran bloques de construcción de la memoria.
El espacio de la capilla recibe las formas híbridas de esta instalación donde las figuras vegetales se yerguen como personajes tomando escalas diferentes a las habituales, propias de la ficción.
En el salón de música, una composición a la manera de una naturaleza muerta se presenta delante de uno de los espejos, parafraseando el uso decorativo de lo vegetal en la arquitectura y el ornamento. Un guante recompuesto de pequeños retazos de tela pintada reposa sobre una partitura del clavicordio, a la espera del instrumentista que le otorgue vida.

Bianca Lee Vásquez desarrolla un enfoque multidisciplinario con cruces entre la performance, la fotografía, la escultura y la instalación para revelar las interacciones contemplativas entre el cuerpo y el lenguaje de la naturaleza. Crea rituales que tejen redes entre la realidad, la corporalidad y el inconsciente para el establecimiento de vínculos con la tierra. En uno de los salones, se presenta un tapiz creado a partir de una serie de dibujos lineales de plantas espinosas endémicas de América Latina. Con la tierra recogida en el sitio sagrado de Yagul en México, realiza una escultura de arcilla representando una deidad femenina. Los órganos puntiagudos de defensa de las plantas se materializan también en tres dimensiones en la entrada a los salones y recuerdan el antiguo uso de espinas de agave en los rituales precolombinos, así como en la escultura paleolítica de la Venus de Laussel, encontrada en Aquitania, región donde se encuentra el Castillo de La Caze, creando un diálogo entre culturas, pueblos y épocas, ya sean prehistóricas o modernas. Bianca Lee Vásquez examina las formas anunciadas del cataclismo del presente, e inserta sus obras en una especie de duelo premonitorio.

La serie de fotografías Solipsisme (solipsismo) de Constanza Piaggio, refiere a la idea metafísica sobre la imposibilidad del sujeto de afirmar otra existencia que la suya propia. La artista, con una serie de acciones, explora en su entorno esta supuesta realidad incognoscible como parte de un estado mental creado por su propio yo. Sirviéndose de la cámara como una ramificación de su cuerpo, el punto de vista permanece subjetivo y condicionado a la extensión de su brazo. Las flores representan ese mundo que desea verificar y poner a prueba mediante gestos precisos y sugestivos.
En la entrada del Castillo de La Caze, Constanza Piaggio presenta una serie de ocho fotografías. En ellas, su mano entra en contacto con una serie de flores que podrían formar parte del jardín a la francesa del castillo. Los colores saturados de las imágenes nos permiten percibir la fuerte luz del sol. El « toucher » de su mano revela la sensualidad presente en lo vegetal y la conexión que intenta crear la artista con cada una de las flores.
En el salón de música y en el salón de recepción, las obras Pivoine Duchesse de Nemours et Chrysanthème Anastasia se insertan en el relieve de las chimeneas, utilizando las molduras como marco. Las imágenes están impresas en papel mural y su luz diáfana, casi inmaterial, nos transporta en gran armonía con el ambiente a su mundo interior. Se mantiene la mirada autorreferencial, aunque ya no es su brazo, sino otras partes de su cuerpo que entran en contacto con las flores. La escala aumentada de lo corporal crea una fuerte sensualidad en fusión con el clasicismo de la arquitectura.

Otra pieza presentada en el salón de música es la fotografía Rose de Castille contenida por un marco del siglo XIX de la colección del Castillo de La Caze. La referencia pictórica del uso de este tipo de marcos establece un fuerte contraste con la contemporaneidad de la imagen.

Las piezas de Chantal Raguet en la sala de billar pertenecen a su serie New French Fauvism, un proyecto que retoma la idea de lo salvaje desde el punto de vista de lo ornamental, lo textil, lo marcial y lo circense. Las piezas se adaptan a la arquitectura particular de esa sala a priori tan masculina, jugando con los tópicos de género. Un retrato de Hugh Hefner en un sofá tapizado en tigre encuentra su lugar encima de la chimenea. El mismo motivo del tigre se encuentra en acuarelas de aviones de combate pintados por sus pilotos. En la pared, escarapelas tejidas a ganchillo rodeando blasones de aviadores militares y junto a la mesa de juego dos juncos con proporciones similares a los tacos de billar decorados con cintas adhesivas.

En la sala de música, presenta Le Grand Fakir un cojín redondo de terciopelo azul claro, del mismo color que las boiseries del salón, bordado de esferas de reloj antiguas, la cara esmaltada con los números está contra el terciopelo y no es visible. En otra pequeña sala contigua, la instalación Cages Cascade, recuerda las lámparas de araña antiguas, donde los caireles fueron remplazados por una cascada de cadenas que proyectan sus sombras en las paredes recreando una situación de encierro o encarcelamiento.