Publicación especial

reflexiones colectivas III

La única “alternativa” hoy en día es reconocer nuestra participación en esa economía para confrontarla de manera directa e inmediata en todas nuestras instituciones, incluyendo museos, galerías y publicaciones.
Andrea Fraser


Esta tercera entrega de Reflexiones Colectivas ofrece pensamientos enfrentados a un contexto aún más dinámico, enrarecido y caótico que aquel de las dos primeras entregas. La pandemia, aunque global, no golpea con la misma gravedad en simultáneo. En algunas regiones del planeta parece que lo peor ya pasó, en otras están pasando por pésimos momentos, mientras que, al mismo tiempo, algunos países se encuentran en un incierto paréntesis entra la parálisis y la reactivación.

Hacemos esta última entrega a modo de cierre momentáneo de las reflexiones, con todas las intenciones de retomarlas cuando hayamos surfeado lo que resta de este distintivo, contradictorio y complejo 2020. Más adelante, volveremos a invitarles para hacer un balance razonado. ¿Nos vemos en seis meses?


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Bruno Alves de Almeida, Portugal. Curador del «Public Programme & Resident Liaison» en Jan van Eyck Academie, Maastricht.

La actual pandemia de COVID-19 ha hecho globalmente evidente que nuestra vida en común está inextricablemente vinculada a un ecosistema más integral, uno que ya no podemos seguir viendo como un fondo o background que es ¨externo¨ a, o ¨independiente¨ de nosotrxs. Si bien la pandemia hizo más tangible la urgencia de abordar el cambio climático y el colapso ambiental, también nos ha hecho conscientes de la imposibilidad de dar respuestas apresuradas y simplificadas a procesos marcados por tan vasta escala de tiempo-espacio, por la incertidumbre y la impermanencia. El retraso entre causa y consecuencia solo nos permite percibir la verdadera magnitud del problema cuando ya es demasiado tarde. Los síntomas aparecen días después del contagio, y el virus en sí debe considerarse dentro de procesos más amplios de devastación ecosistémica de los que la humanidad ya excedió hace algún tiempo. Por lo tanto, este estado actual de urgencia exige, paradójicamente, más que nunca, el pensamiento sistémico y la adopción de la complejidad, la opacidad y la demora, que son el núcleo de la creatividad y las prácticas innovadoras y especulativas. La situación actual reitera la importancia de la reflexión y acción colectiva transdisciplinaria. Y también incita a la comprensión de la responsabilidad socioecológica más allá de «temáticas», sino también incorporadas como prácticas institucionales que abarcan desde aspectos prácticos hasta la consideración de las infraestructuras y los valores que impulsan y condicionan las prácticas y subjetividades de la institución.


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Cynthia Gutiérrez, artista visual, Guadalajara, México.

El mundo es una sombra. La sombra del mundo se convirtió en el mundo mismo. Una nube de extrañamiento nos envuelve. La sensación de estar ausentes aún estando presentes. Extraviados. La sombra separada del cuerpo. El cuerpo extraño a la tierra y la cabeza ajena al cuerpo. La sincronía se ha roto. 

Enclaustradxs, los segundos parecen eternos. Sin embargo, cuando el espacio físico se ve menguado y el tiempo exterior aletargado, el interior se precipita, se expande y se desboca. En la mente, donde los terrenos son sinuosos y volátiles, es que viven los personajes más extraños y sorprendentes, suceden las batallas más crudas, surgen las edificaciones más inusuales y caen los rayos más potentes. Ahí, somos lo que nunca fuimos y lo que nunca seremos. ¿Por qué asfixiar lo que ahí vive como si la realidad existiera solamente afuera? Si es desde ahí que podemos vislumbrar el resquebrajamiento de las podridas estructuras implantadas basadas en el capital, poder e individualismo, que opacaron cualquier noción de comunidad y bienestar humano, generando condiciones inclementes para una gran mayoría y privilegiando sólo a unxs cuantxs. Desde ese lugar recóndito y etéreo, en el que el tiempo avanza en múltiples direcciones y variados ritmos, podemos encontrar otras pistas, construir nuevas posibilidades, idear nuevos modelos que puedan cambiar la manera en que nos relacionamos entre nosotrxs y con el entorno. Es momento de templar el cuerpo y liberar la mente para retar al sistema que destruyó cualquier idea de futuro. Sacudirnos esa idea de falsa libertad que nos golpea el rostro y entorpece nuestras mentes, para escuchar el silencio de las aves y el rugir de las piedras.


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Juan Gugger, artista visual, Argentina y Francia.

Quizá el objeto que más me interesa es la mente. Historias alucinantes suceden en la privacidad profunda de las mentes. Incluso pueden existir como un elemento distinto a la persona. Es como una radio que a veces sintoniza con cosas que no son la voluntad. Tu mente puede ocultarte cosas para hacer tu vida más confortable. Me seduce el espacio de la mente. Es un espacio que se mueve, se transforma ante tu mirada o a tus espaldas. Como el espacio vacío en una boca que habla. Te pueden rechinar los dientes cuando dormís, o de repente encontrás placer en el dolor. Podés intuir cosas que no entendés. Esa intuición puede conducirte sin errar.

Centellas escapan de esos espacios flexibles, traduciéndose al mundo exterior, como radiaciones extraterrestres, remotas. Un adorno, un broche, Cambridge Analytica, la letra «e».El mundo también se mueve constantemente. Explosiones extravagantes de voluntad y azar sacuden el planeta. Poderosas como olas. Cosas siniestras y bellísimas colisionan en este mundo inverosímil. Caminar en las calles sin automóviles expone la grotesca exageración del espacio que tomaron, desde hace apenas más de un siglo. Qué mundo fantástico. Qué sueño más hermoso y qué pesadilla más horrible, en simultáneo permanente.


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Alejandra Monteverde, galerista de Crisis, Perú.

Estamos viviendo un momento de grandes transformaciones estructurales. El espacio privado se ha reformulado enteramente. El dormitorio, la casa, el taller, la oficina, los espacios que habitamos toman un nuevo significado. He estado pensando mucho en la basura que genero y como hacerme cargo de ella, no solo dejarla en la calle para que alguien más la recoja. Hacer compost parece ser una alternativa efectiva. Y luego pensar en la basura me lleva a pensar en la precariedad, la injusticia, la improductividad, el vacio, la muerte. Todas esas cosas que negamos todos los días para poder seguir adelante de pronto nos ha cogido de los brazos sin dejarnos salir. Es momento de enfrentar ciertas realidades que han sido invisibilizadas por tanto tiempo. Sí creo que la crisis que estamos viviendo puede generar un cambio muy positivo. Y bueno, soy una persona optimista.


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Mauricio Aguirre, director N.A.S.A.L, Perú y Ecuador.

El 11 de Junio cumplí 3 meses de cuarentena solo en mi departamento en Lima.

Contemplar y escuchar el mar, regar y hablarle a mis plantas, cocinar religiosamente tres veces al día , re leer libros, disfrutar esas dos horas diarias que llega el sol a mi balcón (cuando sale).

Prioridades que cambiaron de un día al otro.

Puedo decir que ha sido una experiencia que jamás olvidaré. No recuerdo la última vez que pasé tres meses en un solo país. Siempre he sido un nómada en constante movimiento. Este encierro ha sido no solo una meditación forzada, pero también un proceso evolutivo increíble. Me siento muy afortunado de poder estar en casa «sin trabajar», de tener la refri siempre llena, y de tener familiares y amigos que se preocupan por mí diariamente.

Entre los cambios más importantes, tengo tres meses de ser vegetariano. Un gran logro.

Estoy estudiando la forma de cómo seguir adelante con mis artistas y mi proyecto. Buscando alternativas a todas esas muestras y ferias, a todos esos viajes y sueños cancelados. Había nuevas sorpresas e importantes logros de celebrar que no pudieron ser.

Tengo la suerte de no tener espacio físico aún, lo cual es una grandísima ventaja. Lograré sobrevivir esta pandemia y esta crisis.

Puedo decir que no nos queda más que esperar. Tener muchísima paciencia viendo cómo pasan los días sin poder hacer mucho. Tratando de planificar un viaje a Ecuador a ver a mi familia pero aún con los aeropuertos cerrados en ambos países, y Perú con más de 230 mil casos de covid actualmente.

Qué locura. Todo parece un mal sueño. Y creo que todo depende de cómo reaccionemos mientras vivamos este mal sueño y sobre todo, cuándo despertemos.


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Tarix Sepúlveda, artista visual, Chile.

Desde que esto partió me he pasado mucho pensado sobre el problema de la temporalidad de las cosas. El quehacer artístico se transformó en formas de pensar cómo sobrevivir, en si realmente esto que se hace es lógico o me da herramientas para algo más. Y hacer el mínimo esfuerzo por problematizar algo me llevaba al mismo resultado, organizar mi pesimismo.

Como no puedo ver a mi abuela la llamo aunque sea una vez a la semana. La primera vez que la llamé cuando entró en cuarentena total Santiago (recién hace tres semanas), le pregunté cómo se sentía y me respondió “aburrida, puedes creer que no puedo salir” y yo les respondí “JAJAJAJAJA… pero si tu no sales a ni un lado”, y me dijo “pero igual mijita”. Tiene 80 y tantos años, tiene dolores de huesos por la artritis y hace unos años tuvo algo así como un derrame y mucho tiempo no recordaba muchas cosas. Vive en la comuna de El Bosque (comuna periférica de Santiago), recibía una pensión solidaria, a veces recibe algunos bonos que da el estado y su mayor ayuda son mi tío y mi mamá.

El coovid-19 así como otros desastres que han ocurrido en Chile, muestra nuevamente la cara más cruda de la pobreza, el ministro de salud llegó a decir: «No tenía conciencia de la magnitud de la pobreza».

Sigue el descontento social.


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Miguel Soto, artista visual y profesor, Chile.

Hace algún tiempo pensaba en el arte objetual en los tiempos del online shopping y recordaba que cuando estudiaba en Londres me sorprendía que lxs estudiantes del «primer mundo» estaban habituadxs a desarrollar proyectos sabiendo que internet les ofrecía prácticamente cualquier objeto o material que se les pasara por la cabeza: recibirían estos materiales en la puerta de sus escuelas en uno o dos días hábiles. A diferencia de mi experiencia como estudiante en Chile, donde con acceso limitado a materiales visitábamos junto a un compañero de escuela todo tipo de ferias libres en busca de retazos o baratijas con las cuales hacer obras.

Hoy, teletrabajando como profesor universitario y tratando de buscar aspectos positivos y lecciones que esta crisis ha dejado para la educación artística, no puedo dejar de pensar en cómo lxs estudiantes trabajando desde su casa con lo mínimo, con lo que tienen a mano, se identificaban de manera más intensa con su quehacer artístico, alcanzando resultados más interesantes y más consistentes con los temas y asuntos que a ellxs mismxs les interesa explorar. Basta entonces de forzar a lxs estudiantes a trabajar con cartones corrugados, cartones forrados, cartones tipo panal o pluma, resinas, alginatos, siliconas, yesos tipo espuma, pinturas y papeles caros, cemento, maderas terciadas y todo tipo de materiales academizados que lo único que hacen es delatar el agotamiento estético o la falta de compromiso de sus profesores. Es tiempo de que aprendamos y pensemos con los materiales y los objetos ordinarios, dejando de producir basura y así poder reformular desde nuestra práctica artística nuestra forma de relacionarnos con las cosas.



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Andrea Canepa, artista visual, Perú.

Si algo nos ha dejado en claro la pandemia es que no podemos seguir viviendo como antes. Mientras iban cerrando los centros de arte, museos y galerías, de pronto sentí el agobio de una avalancha de información cultural online. Sentí una especie de impulso maníaco del sector por seguir adelante a toda costa, como si parar a pensar un segundo qué está pasando y cómo es correcto reaccionar fuera imposible. Lo siento, pero no me interesa insistir en experiencias culturales cada vez más desconectadas del cuerpo. 

Creo que es momento de ralentizar la maquinaria de producción cultural un segundo. De pronto recordé el título del proyecto de mi amiga Marta Ramos Yzquierdo: Trabajar menos, hacer más. O como yo lo interpreto: hacer menos pero mejor. 

Quizás hay que dejar de pensar que como artistas tenemos que «internacionalizarnos» y exponer en todos lados. Dejar de viajar a ver todas las bienales. Mirar a quién tenemos al lado, dejar de traer artistas de fuera y cuidar la escena local. Tomarse en serio lo de reconectar con el público no especializado, el de tu ciudad, el de tu barrio.

Hacer menos pero mejor y a nivel local. 

No quiero volver a la temporalidad pre-pandemia. No quiero una cultura desquiciadamente acelerada que se consume como papas fritas, para eso ya está todo lo demás.

Hagamos menos y mejor como forma de resistencia.


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Carles Àngel Saurí, curador y mediador, Valencia

En el momento en que la humanidad se encontraba falta de aire, sumida en una crisis sanitaria, un policía decidió no dejar respirar a George Floyd. En medio de un mundo que se edificaba desde el distanciamiento, el racismo se estrechó una vez más. Mientras en una esfera macro, los poderes, las instituciones, las fuerzas y los recursos se dedicaban a la COVID-19, la esfera micro continuaba contaminada de racismo, machismo, clasismo y xenofobia.  

Durante todo este tiempo de confinamiento lo único que he vuelto a entender (por 329423942094 vez) es lo desequilibrado que está el mundo que habitamos. Si de algo ha servido esta pandemia es para ver que incluso con la misma cuestión sobre la mesa, la respuesta vuelve a estar completamente ligada a la clase, la raza y el género. 

¿Qué sacar de aquí y cómo en cuanto al arte? La verdad es que no lo sé, me gustaría decir que el arte debería ser un espacio más de resistencia, de experimentación social y de construcción de nuevas realidades. Que fuese un espacio de cuestionamiento de esta nueva ola de «normalidades»…  Sin embargo, digo que me gustaría, porque a veces lo encuentro apolitizado y poco contestatario. 

Y es en este punto de la redacción que mientras me pregunto qué es el arte o qué debe hacer… me acabo preguntando qué hago yo y qué soy… Y tal vez ahí vea una capacidad de cuestionamiento personal a la que poderse agarrar para tomar algo de aire


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Iván Sikic, artista visual, Perú y Nueva York.

Esperanza.
Es el sentir más claro que he tenido desde mediados de Marzo, cuando el mundo cambió para siempre.
Esperanza porque la ciencia avanzará en 2 años lo que nos hubiera tardado 50 en avanzar.
Esperanza porque lxs opresores finalmente se enfrentaron con una ola que no les dejará volver a la superficie como estaban acostumbradxs.
Esperanza porque lxs racistas se enfrentaron con el comienzo de su fin.
Esperanza porque recordamos que ir rápido no necesariamente es mejor que ir lento.
Esperanza porque le dimos oportunidad de respirar a la naturaleza. 
Esperanza porque al menos por un momento importa más el arte que el mercado del arte.
Esperanza porque nada volverá a ser como antes.




En los siguientes enlaces puedes leer la primera y segunda entrega de reflexiones colectivas:
http://relievecontemporaneo.com/reflexiones-colectivas/
http://relievecontemporaneo.com/reflexiones-colectivas-2/