Publicación especial

reflexiones colectivas II

La intensidad artística muta cuando el tiempo urbano se modifica…

Andrea Giunta


Hemos reunido una segunda entrega de reflexiones colectivas. Una diversidad de voces que llegan desde diferentes puntos del mapa del arte actual ofreciendo pensamientos que hacen foco en cuestiones transversales de nuestra actividad. En algunos casos surgen inquietudes e interrogantes que iluminan más que respuestas. En otros aparecen esbozos de ideas para empezar a imaginar nuevas posibilidades.

Sigamos pensando estrategias


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Kerry Doran. Historiadora de arte, crítica y curadora.
Buenos Aires, Hong Kong y Nueva York

Incluso antes de la pandemia mundial, me había estado sintiendo más política. En realidad, desde el 2016, en los Estados Unidos, con la elección, había pensado sobre las preguntas, ¿Qué puedo hacer con mi práctica, mis escrituras, mis muestras, mis relaciones en el mundo del arte, para servir un objetivo político? ¿Es siquiera posible? Especialmente en el contexto de la industria del arte contemporáneo, más enfocada sobre las transacciones y las inversiones que nunca antes. (No estoy segura de haber tenido éxito, pero estaba intentándolo.)

Este momento de crisis en la salud pública a escala mundial es una llamada de atención. Si no, no sé que necesita pasar para que se generen los cambios en infraestructura para asegurar que todxs tengan derechos humanos básicos. No he estado pensando mucho en el mundo del arte. Estoy más preocupada por la gente que tiene que ir a sus trabajos, sin protección; por las personas que tienen quedar en casa pero no tienen una casa; por las personas que viven con abusadores domésticos; por las personas que están inmunocomprometidas; por las personas que no tienen una familia o alguien en quien apoyarse. 

Honestamente, espero que el mundo del arte tal como lo conocemos, no sobreviva. Porque el arte, en sí mismo, siempre sobrevivirá, en nuevas formas. Con respecto a esto, tenemos que responder a nuestro contexto. Este momento es una oportunidad para reflexionar, ¿Qué queremos que sea el arte?


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Franco Basualdo. Artista, Argentina.

Ya es difícil contar el tiempo que llevamos encerrados en nuestras casas, no podemos salir a hacer mucho, porque hay regulaciones sanitarias y básicamente no existe plan alguno por cumplir fuera de nuestros hogares.

No puedo considerarme del grupo de personas que se ha mantenido informado de todo lo que pasa durante la cuarentena, me he recluido a un estado de reflexión y orden. He dejado que las decisiones de las cuales no puedo tener injerencia sigan su curso intentando interpretar este momento desde mis impulsos internos.

Pero si he pensado mucho en el vínculo con otro suceso que me ha atravesado, esta cuarentena podría ser un segundo momento único vivido durante mi vida. El primero fue en 1999 en la provincia de Corrientes, donde nací y viví hasta mi adolescencia. Las clases fueron forzadamente interrumpidas por un año entero, cuando yo me encontraba en la secundaria debido a la crisis social que azotaba la provincia por falta de financiamiento. Ese año fue uno de los que más marcó mi vida. Fue un año que me sacó tanto de mis planes que tuve que inventar nuevos y esto me llevó a encontrarme con pasiones que me acompañan hasta hoy en mi vida. 

De alguna forma me siento en ese mismo momento, salvando las diferencias evidentes entre ambos. Es un momento para pensarse y pensarnos, es un tiempo para que hagamos nuevos planes y de construir la realidad y formar el contexto en el cual nos gustaría pensarnos.


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Camila Ramírez G. Artista, Chile.

Si algo he aprendido del ejercicio del arte es a cuestionar la escala de valores que nos ofrece el mundo, a preguntarme por esa línea rígida que distingue lo útil de lo improductivo, que define a ciencia cierta quienes son lxs vencedorxs y quienes lxs vencidxs. Quise ser artista porque nunca me interesó alcanzar una adultez ordenada y predecible, porque solo siendo artista podría trabajar para no alienarme o podría jugar creyendo que ese era mi trabajo. Un trabajo que implicaría más gasto que ganancia. Parte de esto implicó abrazar la incertidumbre y las contradicciones cada vez que aparecieran, las quise, porque sólo con ellas podría dudar y sólo en la duda aparece el acto creativo. 

Este presente es una interrupción, una urgente crisis de valor, una persistente y obligada pausa donde sin querer el ocio y el trabajo se encontraron en un habitar sin tiempo. ¿No es acaso la pausa aquella posibilidad de perder el tiempo? ¿No es el tiempo una variable por transgredir? ¿No es el juego esa única promesa de volver a empezar? Somos como niñxs atemorizadxs frente al virus de la muerte, del fracaso, de la derrota, y quizás sólo siendo adultxs asustadxs como niñxs podremos perturbar ese ¨supuesto claro límite entre perdedores y ganadores¨ o quizás sólo siendo niñxs exista tiempo por perder y donde perder signifique una ganancia.


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Gwladys Alonzo. Escultora, México y Francia.

Una tormenta invisible llegó y nosotrxs buscando como mirones, tratando de ponerle cara a este mal. Cuando al final los problemas son más profundos y antiguos. La muerte parece hoy en día al alcance de la mano, pero siempre lo es. Los humanos se encuentran fijados con sus problemas individuales y globales de un sistema que no los puede atender. A ver si una crisis así será suficientemente fuerte para generar más consciencia.

Imagino el globo sobre su eje como una pirinola frenética que descarilló. Lxs artistas somos marginadxs, por ser free-lance, alejada de una idea laboral más tradicional y acostumbradxs a un estado de crisis. El tiempo siempre es nebuloso. El mundo bajó su velocidad. Yo no, estoy en casa hiper-activa. Lo único es que extraño los contactos, no me siento entera sin lxs demás.

A un nivel personal, iba a volar como un pájaro, mis pertenencias caben en 5 maletas y alquilo lugares amueblados. Ahora me di cuenta que podría tener aun menos y lo haré. Para sentirme más libre. Para descargarme de las ideas pre-establecidas que existen sobre lxs artistas, ligadas a la noción de propiedad y de territorio. Soy mi propio taller, no creo que se defina la calidad de una artista por sus pertenencias o el tamaño de su taller. Cada unx está en posesión de sus herramientas. No hay que hacer tabula rasa del pasado sino abrazarlo y empezar un nuevo capítulo. Mi práctica tomará la forma que tenga de tomar. Aventé botellas a la mar; curiosa de ver lo que pasará. Hablemos en seis meses para ver lo que surgirá.


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Gerardo Chávez-Maza. Curador independiente, Perú.

¿Cómo podríamos reformularnos para seguir siendo agentes activos en el ecosistema del arte, pero desde acciones que puedan hablar genuinamente para y desde lo precario? Lo precario entendido a partir de un escenario de resiliencia y transición como este. Creo en una red sin jerarquías, una intersección de plataformas que se retroalimenten, en la que el arte y las relaciones sociales puedan coexistir en una multiplicidad de configuraciones. De esta manera estaríamos pensando en la colectividad sin necesariamente reconocernos como un colectivo, sin que nadie tenga control absoluto. Me gustaría pensar que a partir de esto se siga generando contenido libre y se siga cuestionando la inflexibilidad y burocracia de nuestras instituciones.


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Rosa Santos. Directora de la galería Rosa Santos, España.

Afrontamos esta situación desde la reflexión. Durante estos días de confinamiento son muchos los mails que hemos recibido buscando respuesta a preguntas que nos han hecho pensar sobre el funcionamiento de nuestro sector.

Estamos viviendo una oportunidad única para analizar el mundo del arte, nuestros valores y prioridades. Es ahí donde está el estudio que nos llevará a encontrar otras formas de experiencia artística.

Desde la fecha de inauguración de la galería (octubre de 2003) hasta la actualidad realizaremos una aproximación a repensar sobre cómo hemos evolucionado, sobre qué prácticas seguiremos manteniendo y qué seremos en la poscrisis, con la esperanza de encontrar respuestas y descubrir otras formas de futuro para esta nueva realidad.


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Rafael Beltrán. Director de PIEDRAS, Argentina

Hablemos de ese mal ¿necesario? que son las ferias. 

El 12 de marzo nos llegaron 5 correos en distintas horas confirmando la cancelación de todas las ferias que teníamos programadas de marzo a junio: empezó oficialmente la pandemia.

Me encontraba en otro país (claro, volviendo de hacer feria), a punto de quedar varado (con miedo de no llegar a la única feria que todavía no se había cancelado), a punto de contagiarme (era inminente, y finalmente se confirmó), a punto de quedarme sin dinero (todo nuestro capital lo tenían las ferias) pero paralelamente me sentí muy aliviado y extrañamente esperanzado.

Sin dudas, un sinfín de cosas pueden cambiar de ahora en más aunque todavía es temprano para barajar y dar de nuevo. Lxs que supimos pensar espacios, imaginamos lugares alternativos vitales y creemos en el poder del encuentro y en lo que se produce compartiendo un tiempo, un contexto, una exhibición. Nuestro trabajo no resiste un pasaje a lo virtual tan lineal y ese es nuestro capital.

Las galerías estamos abiertas todo el año, y somos acaso, unas adelantadas a éste nuevo régimen: recibíamos tan pocas visitas normalmente que muchas habíamos adoptado días «by appointment only». Si las ferias vuelven tal cual las conocemos o en versiones actualizadas no será antes de un año. Y mientras tanto, si ese deseo del público feriante se sostiene, sería un acierto muy necesario volver a las galerías.


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Daniel Tremolada. Cocinero de Happenings y co fundador de Mamama Espacio, Perú.

No puedo evitar sentir mucha culpa de a ratos últimamente. Culpa que llega cuando prendo Canal N de noticias en el pequeño televisorcito que utilizó Sofia Torres Kosiba para mostrar su video Sweet Elsa. Veo mucha desgracia a través de ese armatoste siempre que devoro mi brunch en la cocina. La culpa empieza al instante que lo prendo. Aparecen primero las noticias de Lima y en jerarquía inferior las del resto del Perú. Soy incapaz de cambiar el canal, sólo sé prender y apagar esa tv, creo que no tiene más funciones. Nunca logro escuchar bien las noticias ya que Mamama me las interpreta en simultáneo mientras están narrándolas. Pero siempre se logra escuchar que la gente no recibió el bono del gobierno, que la gente no recibió la canasta municipal de víveres, que la gente no tiene oxígeno, que la gente se muere en las colas de los hospitales esperando ser atendida, que los policías se mueren de COVID. Cuando llego a internacionales ya voy por la segunda taza de café. Y medio alterado escucho alguna noticia muy dark sobre Trump, luego las cifras de muertos… Algunas tomas de pacientes recuperados saliendo en sillas de ruedas de algún hospital de Roma. Apago esa tele. El clima está divino, el cielo azul, las calles tan vacías y limpias que parecen suburbios de series gringas. No puedo evitar sentir mucha culpa de a ratos últimamente.


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Maria José Argenzio. Artista, Ecuador.

Escribo desde el contexto de uno de los lugares más golpeados por la enorme crisis humanitaria que padecemos; el Ecuador (la periferia). Las imágenes que han nutrido durante estos últimos días mi imaginario son imágenes del horror, que desvelan una vez más la precariedad y el valor que, en este sitio del planeta, se le otorga a la vida. Cadáveres invadiendo el espacio público, abandonados durante días. Identidades perdidas. Guayaquil se ha convertido estas semanas en epicentro de la pandemia en el Ecuador, un lugar donde todo aquello que azota nuestras pesadillas nocturnas se convierte en realidad. 

Como artista visual siempre he tratado de visibilizar y recontextualizar lo periférico. Mis proyectos se apoyan en los filtros de diálogo entre el espacio, sus características arquitectónicas y la manera en que este es habitado, para propiciar una nueva escenografía que interpela cuestiones relacionadas con la explotación de los recursos, así como la activación de vivencias asociadas a una economía quebradiza. El arte, como acontecimiento social, necesita del público para que se reactive, ¿qué función cumpliría entonces una pieza en el estudio del artista?, o ¿cómo podría trasladarse la percepción espacial a la esfera digital sin que esta pierda su significación y su significado?, ¿se llevará a cabo una reformulación del sistema para lograr que la sociedad pueda acceder al arte sin fronteras? o ¿se generarán nuevas fronteras que clasifiquen una vez más nuestra sociedad? 

Pienso mucho en todas estas cuestiones, también en lo quebradizo del sistema mercantil que mi labor alimenta, y en la necesidad de reajustar precios y labrar caminos que permitan a todxs acceder a la cultura sin distinción.


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Romina Calla y Guido Quaglia. Directores de ESAA, Argentina.

Regionalismo colectivo

¿Cuánto dura la emoción de un sueño?

¿Cuántas veces despertamos de un buen sueño disfrutando la emoción, anhelando que no se esfume?

¿Y cuántas veces resistimos al sueño para no entrar nuevamente a una pesadilla, esperando que el miedo se esfume?

¿Acaso estamos viviendo una pesadilla, cuya única salida sea no olvidar la emoción, como en la de un buen sueño?

Basándonos en una actitud optimista y anhelando el pronto desenlace y la urgente y posterior reconfiguración del sistema económico global, sentimos observar, siendo protagonistas; la primera enfermedad pandémica producto de la globalización como régimen económico mundial.

Entendemos que la dinámica propia del virus nos fuerza a abordarlo de manera conjunta y colectiva a la vez. Sentimos que estamos frente a una reconfiguración económico-social incierta y accidentada, que afectará a todos los eslabones laborales de la globalización en su totalidad. Por lo que consideramos imprescindible acentuar aún más redes colaborativas, rutas que afiancen lazos y conexiones, que aúnen fuerzas para afrontar la agónica supervivencia del ciclo económico de cada sector productivo y su posterior renacer.

Estamos como sociedades a merced de las decisiones que adopten los líderes mundiales, muchos de los cuáles priorizan la política ante la salud y la economía. El cierre de fronteras y el aislamiento social, preventivo y obligatorio acotaron las distancias, y pareciera interrumpir las relaciones a nivel global e incentivar el regionalismo económico y social, como método antídoto reactivo, frente a la incertidumbre del futuro. Un regionalismo futuro, territorial, tejido por redes/rutas, que abarquen la tectónica en su extensión.


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Cristobal Cea. Artista visual y profesor, Chile

Moralejas del Presentismo

Tras el estallido social escuché mucho el diagnóstico de que el arte (institucional y académico), debía volverse más dialogante con su contexto social: contingente. Y mientras esto pasaba en el pequeño mundo del arte otros medios abogaban por lo mismo: se escribieron decenas de columnas e incluso libros que explicaban las causas y el sentido de las masivas protestas que se dieron en nuestro país en Octubre del año pasado. 

A pocos meses de su publicación, me cuesta recordar cómo se llamaban estos libros: buena parte del país se había preparado durante el verano austral para un Marzo ultraviolento ad portas del plebiscito de Abril; simultáneamente se inauguraron muestras que, al igual que los libros, dialogaban con el contexto social y político en el que se situaban a tiempo real: desde un presente compartido y no desde la hegemonía de la historia, el gusto o la razón.

Pero Marzo no fue lo previsto: la especulación cognitiva que formaba parte de este arte dialogante con el presente, se desplazó de golpe hacia el streaming: mascarillas impresas en 3D, hiper-presencia en redes sociales, museos “virtuales” y un mar de contenido del que yo mismo -no sin cuestionamientos, he participado.

Estar presente no debería reducirse a hábitos especulativos de creación tipo pintarlo primero, pensarlo antes o vivir urgentemente. Lo presente no debería ser sinónimo de lo urgente: debiese expresarse en modos de creación más vitales, incompletos, dispersos e indefinidos, abiertos a la creación de un futuro compartido: no a su predicción.

Me temo que de no aspirar a esto, la cultura que inventemos en este coronamomento corre el riesgo de que, al igual que los libros del estallido y las bicicletas estacionarias de la cuarentana, se convierta en una serie de anécdotas obsoletas. 

Entonces, moraleja: ¿será que no hay que apurarse tanto para inventar el presente?




En este enlace puedes leer la primera entrega de reflexiones colectivas:
http://relievecontemporaneo.com/reflexiones-colectivas/