Limón

Alfredo Dufour, Argentina.

Constitución, Buenos Aires, Argentina – 2020
Fotos: Flor Lista, cortesía de Constitución.

Limón es la segunda muestra del artista argentino Alfredo Dufour en la galería Constitución.
La exhibición esta compuesta por objetos, instalaciones y pinturas en las que se ven elementos cotidianos y arbitrarios de la intimidad del artista.

Constitución esta ubicado en una casona antigua en el barrio de La Boca y funciona simultáneamente como galería y hogar de sus directores, lxs artistas Alberto Antonio Romero y Martín Fernández. «En las habitaciones y espacios comunes se exhiben a nuestrxs artistas en trastienda, la casa se encuentra así íntegramente disponible para ser recorrida y habitada, buscando generar una relación cálida entre quienes nos visitan y las obras

Texto de Alberto A. Romero:

Los árboles daban frutos; él creció bajo esas sombras, escuchando canciones, recopilando discografías en estantes. Aprendió cocina, higiene personal. Lloró sinceramente, lloró de mentira, contó chistes, cayó en trampas hechas por él. Vio venir la fatalidad y cuando estuvo ahí, simuló la sorpresa, pegó un grito atronador. Se sintió observado y cruel, y acudió a una ciudad. Ahí vivió largo rato de las harinas, de bajar la expectativa, de sensaciones pesadas. Se hizo adicto a drogas suaves, al hábito de fumar en la ducha. Trabajó para pagar taxis y se llamó al silencio. En un tatuaje escribió la canción, en películas se veía, reconstruyó en su memoria lugares cotidianos de otros tiempos: la gente viva que ya está muerta, los gestos de infancia. Alquiló una habitación, un cuadrado en un cuadrado. Cambió piel y alimento, hizo amigas y frecuentó lugares de moda. Raspó la noche para enamorarse; esperó cosas de los demás que los demás no le dieron. Enflaqueció al sol. Se lustró el pelo, lamió sus zapatos; envejeció de repente y desconoció sus manos. Mirando al espejo repetía su nombre. Se dibujó muerto, moribundo, se pintó las cejas cuando desaparecieron de su rostro. Se debilitó hasta que respirar fue su trabajo, y trabajó de respirar. La gente que lo quería limpió su casa, cuidó sus plantas, germinó sus semillas y ordenó su biblioteca. Así, un día rodeado de todo ello, miró el techo blanco y se sintió igual al techo blanco. Suspiró y cerró sus ojos a la media tarde; junto a una bandeja con galletas marmoladas y café.