Fragmentos revelados

Elvira Valenzuela, Chile.

 

Galería Patricia Ready. Santiago de Chile, Chile – 2017/2018.
Fotos: Viviana Lopez

 

Texto por Pedro Donoso:

 

“Organizar una exposición”, afirma el teórico Georges Didi-Huberman, “implica siempre crear un lugar dialéctico, incluso cuando el material expuesto parece refractario a la noción de dialéctica.” Tomemos esas palabras como excusa para aventurar una lectura material de Fragmentos revelados, la presente muestra del trabajo escultórico de Elvira Valenzuela. Considerar un “lugar dialéctico” en una exposición supone abrir un espacio donde se genere alguna clase de diálogo. Si recordamos que en la antigua filosofía platónica el diálogo estaba pensado como método de aproximación a lo verdadero, también hay que tener presente que ello ocurría, paradójicamente, a través de la duda y la contradicción. Dialogar implicaba, y sigue implicando, rozar la inseguridad, asomarse a una posición previamente desconocida, contrariarse por la incertidumbre, conquistar posiciones provisionales. ¿Cómo podemos entonces recobrar este ejercicio de incertidumbre   para despertar el diálogo con estos fragmentos revelados? ¿No será todo diálogo una forma fragmentaria que nos revela parcialmente algún nuevo territorio?

 

“Siempre expresándome a través del acero inoxidable”, cuenta la artista, “he hablado de la memoria, de cómo ésta se genera de manera abstracta en nuestra imaginación. También he hablado de diálogos entre el entendimiento y nuestro ser interno y, por último, le he querido dar la bienvenida a un nuevo material: la piedra.” La experimentación con un nuevo material ha supuesto un componente inusual en la relación de la artista con los materiales. El resultado se despliega ahora con sus distintos formatos y materiales como un ejercicio de ocupación espacial pensado estratégicamente para crear un recorrido dentro de la sala; una ruta que favorezca la percepción de determinados rasgos de cada pieza. La lectura de ese recorrido ya nos convierte en los primeros participantes de un intercambio marcado por la presencia de esas esculturas como hitos. Al paso percibimos detalles y escorzos, vistas de una geografía a escala surcada por las vetas del mármol, por el perfil recortado del metal, por las piedras como cabezas coronadas o por el detalle de un paisaje montañoso que se levanta con planchas de acero serrado. Los distintos contrastes creados por ese recorrido provocan la inevitable extrañeza de hallarse por primera vez ante una obra no vista. El diálogo se propone, entonces, entre el visitante que desconoce y la disposición de un conjunto de piezas que organizadas en una producción del paisaje como escritura, a través del mármol, de la piedra volcánica y del metal.

 

La geometría resalta de inmediato como punto de encuentro entre estos materiales, en cuya presencia asoma el recuerdo de engranajes marmóreos e un aparato de grandes dimensiones, una gigantesca máquina de piedra. En la dureza de esa materialidad se conjuga la fuerza de su origen geológico cuyas formas estudiadas y cortadas con precisión convierten cada una de estas piezas en un elemento propiciatorio, un monolito que escapa al orden de la banalidad cotidiana. A ratos, la conjunción de la piedra y el metal aparece trabajada con tal elegancia y cálculo que pareciera crear verdaderas joyas gigantes, objetos para un culto mistérico.

 

Al fondo de la sala descansa, como un mapamundi imaginario, la recolección de retazos metálicos con los que la artista forma una composición mural. Ese archipiélago de territorios de acero repartidos sobre el muro de la galería, parece haber construido un alfabeto de signos sobrantes, los restos de una geometría descartada. La exposición, que lleva por título Fragmentos revelados, descubre aquí las posibilidades que surgen entre elementos originalmente aislado que, reunidos y ordenados por la mano del artista, se reúnen en un código cuyo significado se hace legible a partir de su condición fragmentaria. Solo al ser incompletas, estas piezas provocan otra convivencia sobre la pared como un códice restituido.

 

Visto lo anterior, podemos decir que Fragmentos revelados pone en marcha una cantidad de decisiones estéticas surgidas de una conversación singular entre materiales silenciosamente cargados por la fuerza de elementos muy antiguos, provenientes de las capas subterráneas del planeta. La presencia volumétrica de la piedra aparece aquí  como una refiguración de elementos de alta resistencia extraídos de yacimientos, donde también comparecen las piedras volcánicas derivadas de las fuerzas tectónicas que moldean el planeta y las planchas de acero obtenidas de las fundiciones industriales. Esta colisión entre lo tectónico y lo industrial es un encuentro de épocas que le confiere a estas piezas un aspecto indestructible, máquinas poliédricas pensadas para remontar el tiempo hacia horizontes temporales indefinidos. Su alta resistencia permite proyectarlas en el tiempo y pensar también en otros  diálogos que establecerán con el futuro. ¿Cómo sobrevivirán en otras eras de la historia y del arte? ¿Cómo serán leídas con el paso de los siglos? ¿No será esa la lectura material que debemos anticipar en esta obra, a saber, que ha sido concebida para encontrar otro lugar, otro espacio futuro que las describa? No hay un tiempo común para encerrarlas.

El trabajo en mármol abre, por supuesto, la conversación hacia el pasado en la historia de la escultura. Desde la antigüedad grecolatina, su presencia ha sido constante. Dramas mitológicos, figuras clásicas y barrocas, héroes alados y victoriosos, monstruos y doncellas: desde Praxíteles hasta el presente, la fuente suntuaria de la escultura ha estado cifrada en el uso de este material. La fijación en una potencia estática en la inmovilidad de un escultura congela el gesto para la posteridad. Por lo mismo, el mármol obliga siempre a considerar la noción de posteridad y de historia: las figuras fijadas desde hace siglos permanecen sin cambios. La seguridad que proporciona su dureza es proporcional a su perpetuidad per secula seculorum. Esa supervivencia de un obra sugiere también en los trabajos de Elvira Valenzuela, la convocatoria a otros diálogos futuros con generaciones e interpretaciones aún por llegar. La pregunta por la relación con el tiempo pone en contexto la parcialidad de nuestro diálogo desde el presente. El silencio de estas piezas llegará a otros hombres, a otras mujeres que leerán con mayor propiedad este trabajo. La artista lo confirma: “quiero hablar del tiempo “como forma general de la sensibilidad”, como dice Kant, me quiero referir al paso de este; pero al paso de años sobre la naturaleza, en especial sobre la piedra como elemento presencial de los cambios que en esta se generan.” Estas piezas de geometría mineral y constante marcan la volatilidad de nuestro tiempo humano, débil. Alrededor de ellas, sabemos que nuestra carnalidad se descompone: somos fugaces pasajeros, los que estamos a merced de su presencia inalterable. La geometría de su abstracción las coloca como una forma por dominar, un desafío silencioso. Hoy logramos revelar en Fragmentos revelados una lectura parcial. La fuerza de la abstracción y la solidez de su constitución les otorga a estas piezas una autonomía que permite disponerlas para que otros tiempos encuentren en ellas nuevas formas de diálogo, como sondas espaciales que seguirán en órbita hacia el porvenir desconocido.