El pantano de las ánimas

Paloma Contreras Lomas, México.

Pequod Co., Ciudad de México, México – 2020
Fotos: cortesía de la galería Pequod Co.

La exposición inaugural del espacio físico de la galería Pequod Co. presenta el trabajo de la artista mexicana Paloma Contreras Lomas.
En su trabajo logra retratos rurales a través del thriller mexicano explorando la exotización de la clase indígena, la culpa colonial y la identidad construida de la clase media. Desde la investigación y su aproximación a ciertos contextos y comunidades específicas, su trabajo posee un carácter personal, en el que lazos afectivos y en ocasiones proyecciones autobiográficas emergen en su producción.

Uno de los focos en «El pantano de las ánimas» es la observación del paisaje como alternativa política, en donde una mina en Zacatecas es el punto de partida para abordar temáticas como el rol de género, las jerarquías políticas, económicas y sociales de la zona, y las implicaciones que el estatus auto-asumido de clase media tiene en la percepción de Paloma como mujer, mexicana y artista.

«El pantano de las ánimas» consiste en una instalación multimedia que contiene como núcleo «Plano americano», video de ficción western, filmado en una mina en la región centro-norte de México. Paralelamente se despliegan cinco esculturas de textil combinadas con distintos materiales como látex, peluche, foam y terciopelo, las cuales comprenden: un árbol de Yuca con las patas y manos de peluche, extremidades mutiladas del personaje televisivo El Coyote, acompañado de un saguaro armado hasta los dientes, un sombrero de paisaje desértico listo para ser usado por un fantasma, un Bugs Bunny revolucionario detrás de un arbusto mesófilo y un silo de Conasupo empotrado en un sombrero forrado.

En la misma instalación habitan dos dibujos a lápiz; el primero, un homenaje a la caricatura estadounidense de principios de siglo y su mirada imperialista sobre México, en donde se muestra un campo mexicano desolado, una promesa agraria del fracaso, donde debajo de la tierra seca, habita una entidad pop-prehispánica dormida en riquezas. El segundo dibujo, más cercano al imaginario escultórico desplegado en la exhibición, muestra, tal vez, a la misma Yuca, más oscura, con pistolas automáticas, extendiendo extremidades y fantasmas que cuentan el oro al más puro estilo western; el paisaje-testigo cobra vida. La muestra finaliza con una caja de luz donde están dispuestas 20 pequeñas esculturas de foamy moldeable recubiertas; interpretaciones de lo popular, representadas en un imaginario pop-decadente.

En palabras de la artista «(…) no pretendo romantizar algún paisaje en donde no nací, sino ficcionalizar el libre albedrío del monte. En la muestra están dispuestos distintos personajes que parten de una ficción. Están inspirados en la nostalgia de la promesa de un país agrícola que se transformó en maquila y en campo de experimentación neoliberal.
La representación del campo mexicano del siglo XX sigue rondando como un fantasma de la promesa revolucionaria nunca cumplida. Hoy en día, más de la mitad de los cielos mexicanos están concesionados, como si las piedras y nuestros antepasados-meseta no tuvieran voluntad propia. El paisaje en México ha escondido guerrilleros, narcotraficantes y héroes de película. Asimismo La Niebla ha cobijado golpes al Estado, arropando a los verdaderos hijos del paisaje, a aquellxs que la Madre-Estado de Piedra ha denominado como otrxs históricamente.
Me interesa imaginar aquel abismo en donde los personajes se animan desde su condición escultórica y literaria. En donde en algún punto lo que subyace en el paisaje, logre que el imaginario logre dominar a la imaginación y transformarla.
(…)»