Desechas

Ofelia Rodríguez, Colombia y Pia Camil, México.

 

Instituto de Visión, Bogotá, Colombia – 2017/ 2018
Curaduría: María Wills y Beatriz López

 

 

La obra de Rodriguez  se caracteriza por integrar elementos discursivos propios de la literatura de su región, con técnicas como el collage, bricolaje y crear un vocabulario propio cargado de símbolos recurrentes que generan una lógica bastante original con la que retrata los momentos más trascendentes de su experiencia.

 

Camil representa una visión muy particular de la contemporaneidad en la medida que su trabajo se apropia de esquemas pertenecientes a terrenos que no están obligatoriamente relacionados con las artes plásticas, como el comercio informal y las economías ilegales, para generar relaciones que apuntan, en este caso específico, al lugar que ocupa el imaginario de lo doméstico en la sociedad. El material con el que Pia trabaja en las pinturas que dan título a esta muestra, son telas que han sido desechadas de las fábricas de textiles por ser el último tirón de la producción y por lo cual, muestran defectos en la impresión. Para la artista estos retazos evocan la relación de los sujetos contemporáneos con los mercados de producción en masa, pero a su vez sirven como metáforas del papel del arte dentro del mercado. Por el formato de las pinturas y los pliegues que se generan, estas obras pueden ser comprendidas a partir de su semejanza con una cama deshecha y por ende entendidas, en el terreno de la intimidad.

 

El tema de la identidad cultural es una de las narrativas centrales en la obra de Ofelia Rodríguez, que se caracteriza entre otras cosas, por un firme interés en revelar sus raíces tropicales, destacando los lugares comunes que esto conlleva; como el tema de lo exuberante o del colorido chillón. Otros ingredientes de su trabajo vienen de tratar asuntos sobre lo femenino de una forma aparentemente ingenua, mediante un lenguaje pop que utiliza con un alto sentido de la ironía. Ofelia es una artista enlazada por dos culturas: creció en el Caribe colombiano, pero su carrera fue evolucionando en el exterior al exiliarse voluntariamente en el Reino Unido. Se podría decir, que el viaje es un peregrinaje hacia el autoconocimiento y que el exilio, siguiendo a la teórica Linda Nochlin, es un lugar fértil para el desarrollo independiente y el crecimiento. Paradójicamente, este camino que la alejó geográficamente terminó conectándola con más intensidad a su lugar de origen. Las raíces se fortalecieron con la distancia, y el realismo mágico, que se genera en el entorno tropical colombiano, empapa su obra. Tanto El trabajo de Ofelia como el de Pia se ha preocupado por romper los moldes de discursos elitistas o patriarcales. Por ejemplo desdibujando los límites entre la alta cultura y lo popular, el concepto del buen gusto (que atormentó el arte durante parte de su historia y que, gracias a intentos desde el Kitsch, el pop, el surrealismo está siendo derrotado) o las manifestaciones folclóricas urbanas.

 

Pia Camil, para esta exposición sigue el rastro de las distintas formas en que la tela ha sido explorada y retratada en la historia de la pintura clásica en occidente. A través de la observación de pinturas emblemáticas de diversos momentos de la historia, selecciona algunas de las posiciones en que la tela ha disculpado el apetito de virtuosismo del artista permitiendo evidenciar su maestría en cuanto conceptos básicos de la pintura clásica como profundidad, forma, pliegue, sombra o textura. Sin embargo, su intención no es puramente formal; para Camil es interesante entender la tela dentro del espacio doméstico y su relación con lo femenino. Pia reflexiona sobre el uso de la tela como superficie pictórica y paralelamente, su participación en el espacio de lo ordinario entendido formal y simbólicamente.

 

Las obras de Ofelia incluidas en la muestra parecen gritar desenfadadamente un manifiesto cínico, pero a la vez orgulloso: «Vengo del paraíso, de la tierra de la pasión y el realismo mágico». La ironía reside en que, sin duda, ha existido una mirada exotizante en los relatos eurocentristas que se hacen de Colombia. No obstante, Rodríguez exalta con orgullo el bagaje cultural del país, rompiendo los límites jerarquizantes de la cultura. En sus obras incluye publicidad de cerveza, animales de juguete, telas tradicionales, mezcladas con una pintura que encuentra su equilibrio en colores planos y formas básicas que evocan a José Leonilson, un importante artista brasile que en los años ochenta promovió el retorno del arte a la pintura.