Colapso

MAM Chiloé, Isla Grande de Chiloé, Chile – 2020
Curaduría: Angie Saiz
Fotos: Nicholás Jackson y Carlos Silva.

La exposición colectiva «Colpaso» reune el trabajo de siete artistas y forma parte del programa anual de MAM Chiloé.
En las espaciosas salas del museo, se encuentra la instalación de Anders Rönnlund, la cual funciona como un trabajo en proceso, bajo la conciencia de encontrarse inmerso en una época de riesgos, donde todo se encuentra al borde de desaparecer. La obra constituye así un espacio de supervivencia autónomo en sí misma en constante crecimiento durante el período de exhibición, sabiendo que la paciencia y el tiempo, el agua y la tierra, son lo único necesario para cultivar arroz.

Carlos Silva expone la cotidianeidad con su trabajo «La ventana». Su obra fotográfica reacciona al paisaje utilizando el encuadre y la narración atemporal como herramientas para develar la crisis de la imagen y su caotización actual.

Angie Saiz expone en formato audiovisual, una instalación que sugiere un jardín en ruinas como metáfora propuesta para indagar en la búsqueda del lugar propio a partir de lo que se ha perdido o de lo que nunca se tuvo.

Nicholás Jackson plantea en su trabajo la resignificación material de eventos cotidianos, relacionando dos o más hechos sin una correspondencia evidente. Se propone así, como un espacio donde se expone la tensión ecológica entre playa y ciudad, aludiendo a los cambios climáticos actuales que nos traerán diversas consecuencias en nuestro habitar, como el desplazamiento de la costa hacia la urbe.

A través de una pieza audiovisual, Barbara Oettinger explora la imagen incendiaria y rotunda de la extinción en el fuego, el momento íntimo de muerte y cambio de un estado a otro, convirtiendo en metáfora abierta aquella expresión latina de antaño donde se señala que “damos vueltas por la noche, y en el fuego nos consumimos” (In girum imus nocte et consumimur igni).

La obra de Hugo Leonello, “Estructura y Resistencia VIII”, es parte de una serie de proyectos site especific que el artista ha venido trabajando la última década, a partir de la manipulación de elementos encontrados y rescatados, que construyen una metáfora de los fenómenos de caos, holocausto y resistencia en procesos de dictaduras o de sometimiento social actual.

El artista Joaquin Segura exhibe intervenciones en muro realizadas con un cartucho de bala recuperado como herramienta de dibujo.
La referencia de la cual parte cada una de las obras que conforman esta serie, van desde movilizaciones militares a gran escala a operativos encubiertos y episodios recientes de violencia de Estado.


Texto de Angie Saiz:

“…se necesita la ceguera de los días futuros y el granero y las anclas del antaño para saber entre tanta piedra dislocada la ruta y el destino o simplemente comprender de nuevo mi mano en tu mano o la hierba profusa que pisamos… “ (Ronald Kay).


A fines del año 2018 y en pleno cultivo final del descontento social que cimentó por años la actual crisis en Chile, el grupo de artistas que forman este proyecto expositivo, fue convocado a reflexionar a partir de los significados simbólicos y socioculturales del concepto de “colapso”, y el espacio paradigmático de las nociones de caos, trauma y ruina que lo rodean construyendo un imaginario colectivo a lo largo del tiempo. El estado de colapso sucede a menudo luego de un momento de crisis profunda o degaste total de los elementos que sostienen un algo. Posterior al momento a él, deviene cierto estado de coma, parálisis o desmayo y, que si bien pudiera servir de metáfora para un cierre, muerte o fin de ese algo, puede también ser un stand by, un momento de observación, reflexión y contemplación de lo sucedido. Las diferentes aristas residuales que el conjunto de efectos, sensaciones o emociones vinculadas al estado de colapso exponen, funcionan como una cadena de imágenes líquidas y yuxtapuestas, bajo la mezcla, contraste y complementación del momento en que todos los elementos se caotizan. La pérdida total del control, el instante que se contempla a partir de un efecto traumático o postraumático al momento de colapsar, los paisajes posteriores en la ruina derivada de todo aquello, o los diferentes planos de conciencia para vivir ese miedo; observar ese colapso y lo que deja como efectos residuales de su acción, externa e íntima a la vez. En un contexto universal donde la crisis por la veracidad de la información y su hiper exposición, el desastre migratorio en aumento, el consumo como dispositivo de evasión ante la angustia cotidiana y el terror al fracaso, las catástrofes naturales vueltas documental y rating, la corrupción normalizada, y el exponencial problema medioambiental sin atención, una serie de acontecimientos deambulan sonámbulamente entre los límites de esas esferas de acción, y de alguna forma, encuentran espacio para hacer crecer desde la tragedia, una política del terror y relaciones estéticas para su sobrevivencia. Como señalara la escritora mexicana Sabina Berman Goldberg, “hay una belleza atroz y justa en la tragedia. Lo que tumba se prueba inepto. Lo que permanece de pie, indispensable”, y pareciera que nos resulta indispensable esa necesidad no solo de observar los pliegues de cómo se abre y se cierra constantemente la compuerta de lo que funciona y lo que se debe exterminar, de los miedos que estos riesgos conllevan, sino que también de generar plataformas de acción que abran el espacio político de expresión y discusión sobre lo que sucede entre un punto y otro -e incluso después-, quizá a través del arte, tanto a nivel social como cotidiano, individual, familiar y afectivo. El proyecto expositivo se plantea como un espacio de discusión, reflexión y/o contemplación de los procesos culturales en torno al estado de colapso, interpelando al espectador sobre sus propias experiencias de crisis, a través de un imaginario visual que plantea la construcción de nuevas percepciones y la exhibición de propuestas posibles para vivir el caos.