Ámbar

Osvaldo González, Cuba.

NC-arte, Bogotá, Colombia – 2020
Curaduría: Niurma Pérez Zerpas
Fotos: Equipo NC-arte y Oscar Monsalve, cortesía de NC- arte.

El espacio colombiano NC-arte presenta Ámbar, la primera exposición individual del artista cubano Osvaldo González con un proyecto site specific que interviene la arquitectura de la galería empaquetándola con cinta adhesiva.

En Ámbar la acción de empaquetar o embalar es el punto detonante. Llevar una acción al absurdo, como cuando embalamos algo para guardar. En este caso intento envolver la luz y hacer un paralelo entre el título y el significado simbólico del ámbar como material. Es llevar un acto sencillo e intrascendente a una idea poética” comenta el artista.

El interés por representar o intervenir espacios interiores ha sido una constante en la obra de González. Con frecuencia, el diálogo con el espacio arquitectónico conduce a una relación afectiva, en la que el artista se involucra con su historia y sus dinámicas habituales, para luego construir nuevas realidades espaciales.

Forman parte también de la muestra, un conjunto de obras bidimensionales que el artista crea como pantallas de luz utilizando los materiales de sus instalaciones logrando así efectos visuales nuevos e imprevistos.

«Ámbar el instante atrapado« por Niurma Pérez Zerpas:

El proyecto que Osvaldo González ha desarrollado para NC-arte es uno de sus ejercicios más ambiciosos de intervención de espacios interiores. El interés por representarlos o intervenirlos, haciendo uso casi exclusivo de materiales como la cinta adhesiva y luces, ha sido una constante en su obra desde su graduación en el Instituto Superior de Arte de La Habana en el año 2006.

En el proceso de trabajo, estos son espacios con los que el artista va estableciendo una relación afectiva, por lo que todo boceto o idea inicial termina asumiendo transformaciones. La obra es concebida para un escenario arquitectónico por su forma, no por su connotación.

A partir de acciones simples como empaquetar o embalar, el artista intenta sacar el máximo de provecho utilizando los elementos que éste le brinda. Le interesa su concepción espacial, sus accidentes, el modo habitual en que se articula el tránsito, escaleras, ventanales, las entradas de luces, todo cuanto le sirva para re-crear un nuevo entorno. Con esta operación, el pasado queda atrapado en una cápsula de tiempo que solo encuentra escapatoria en la memoria visual.

En esta ocasión, bajo el título de Ámbar, Osvaldo González propone un site specific que transforma el área interior de la institución y genera una experiencia sensorial a escala arquitectónica que valida otra de sus obsesiones: lograr una sensación con un material. Al entrar al recinto, tal parece que la resina del material ambarino se torna líquida y se derrama, se expande hacia los lados, se congela y se eleva a las alturas. A partir de la unión de varios puntos, y con el efecto traslúcido de la cinta adhesiva, el nuevo entramado de circulación conduce a nivel visual a la noción del estar “dentro” o “afuera”, a la posibilidad de quedar atrapados en un instante de realidad. El simbolismo con la piedra incluye también las propiedades curativas que le han sido atribuidas, así como la relación con la historia familiar y personal del artista (el nombre de su hija).

Como si empaquetara a gran escala, el artista recorre largas distancias con el material de embalaje y hace desaparecer columnas, accesos comunes, plantea nuevos y únicos recorridos, modifica la subida por las escaleras, unifica los dos pisos, a la vez que genera una agradable sensación de extrañamiento por la construcción de esa nueva lógica interna del espacio que se traduce en crear límites y generar otra alternativa de circulación. Con esta acción, rompe con una práctica repetitiva habitual, impone retos de adaptación, y modifica nuestros criterios sobre la verdad y el conocimiento de lo que nos rodea.

Las piezas de la serie Memorias robadas, fueron creadas específicamente para esta muestra y completan la noción del espacio que explora la obra del artista. Si bien en series anteriores como Espacios de memoria las imágenes provenían de su entorno personal o profesional, ahora busca conexiones con el escenario doméstico colombiano a partir de referentes visuales que encuentra en internet. La aparente frivolidad que puede significar este acto de trabajo con las redes, queda a un lado cuando procesa la escena y la interpreta, selecciona el ángulo preciso como si fuera un lente fotográfico y descubre las entradas de luces que nos permiten recorrer el interior.
Las imágenes se construyen con cinta adhesiva sobre plexiglás, auxiliándose de luces. Se desarrolla aquí otra búsqueda de soluciones expresivas del material trash, donde interesa la superposición de múltiples capas que provocan los contrastes de luces y sombras; los efectos de la grieta y el aire atrapados. Forma parte también de la exposición “La clase de Daniel”, de la serie Memorias Fragmentadas, que explora la noción de la memoria visual y el recuerdo. La imagen, de proporciones mayores, se descompone en nueve secciones de modo tal que cada una por sí sola no revele ninguna idea precisa.

En su trabajo con las instalaciones, como parte del proceso de indagación y experimentación, una fina película de resina ha sido incluida en las obras de los últimos dos años. El resultado visual enriquece la pieza al enrarecerla y hacerla más compacta, mientras la imagen encapsulada acentúa la idea de atrapar una realidad tangible, un instante de tiempo.