13:28

Ignacio Gatica, Chile.

Residencias Marso, Ciudad de México, México – 2019/2020
Fotos: cortesía del artista.

En el trabajo del artista chileno Ignacio Gatica se destaca el interés por cuestionar y analizar los significantes del paisaje social contemporáneo, la experiencia urbana y la memoria personal. Su obra refleja los elementos y estrategias que condicionan nuestra realidad y que se traducen en fenómenos culturales.

El artista chileno actualmente vive y trabaja en Nueva York, circustancia que aporta a su investigación reciente sobre la diseminación de la ideología neoliberal, considerando el proceso reestructural paralelo que tanto Nueva York y Chile sufrieron en la década de 1970. Desde el punto de vista generacional -Ignació nació en 1988- ha experimentado el peso de las réplicas de este experimento económico y en consecuencia ha adquirido una perspectiva y entendimiento crítico sobre este evento.

La exposición 13:28 es el resultado de su experiencia en Marso, programa residencial enfocado en artistas iberoamericanxs trabajando en el contexto de la Ciudad de México.
Para esta ocasión Gatica expone una particular metodología de persuasión electoral que consiste en distribuir relojes gratuitos customizados según el partido durante el tiempo político de la campaña. A partir de esto, el artista sigue su línea de investigación sobre los dispositivos que dan forma a la condición humana actual, cuestionando y extrayendo los componentes claves que construyen el entramado sociopolítico contemporáneo.

Esta muestra coincidió con las manifestaciones sociales en Chile a fines de 2019. Ante la coyuntura actual de una América Latina desbordada por la crisis producto de la pandemia, resulta pertinente revisar su trabajo reciente y dialogar sobre las premisas que lo interpelan como artista.

M.L.M.:¿Cómo fué tu experiencia en la residencia MARSO? ¿Tienes alguna anécdota relacionada a los relojes? ¿Cómo los descubriste?

I.G.:La experiencia de la residencia en México en el contexto de la preparación para la exhibición 13:28 , fue intensa y memorable. La verdad es que cada vez que voy a Ciudad de México me inspira mucho. Hay algo en la informalidad de la economía general que se encuentra en la calle, que la ordena de una manera inesperada, esto siempre me llama la atención. En el proceso de hacer la exposición hay cuatro personas claves que me ayudaron. Los artistas Daniel Ruvalcaba, Juan Caloca, Matías Solar y Diego del Valle Ríos. Con Juan Caloca tenemos una amistad de hace años que fue bien espontánea y me interesa mucho su obra y la manera en que en ella se tejen y re interpretan la historia política de México y sus componentes simbólicos. Juan me ayudó con todo lo que fue logísticas , ó sea donde encontrar información. A Daniel Ruvalcaba lo conocí en este viaje y fue una amistad que se generó por sí sola, creo que nos interesan temas comunes, particularmente la historia de la neoliberalización de las américas , las filosofías contrapuestas que se generaron en su proceso y la incidencia de el modelo económico en las personas comunes con los objetos que devienen de esto. Daniel escribió un texto muy lindo para 13:28 , su obra y su escritura son buenísimas. Matías Solar me enseño como acercarme al comercio informal de la ciudad y me acompañó a los tianguis más alucinantes e increíbles. Fue en un viaje con él, cuando descubrí el primer reloj, en Tepito. Finalmente Diego del Valle se transformó en una especie de guía espiritual e intelectual y tuvimos muchas conversaciones claves , cada vez que conversamos me deja algo interesante para seguir pensando.

Hay tantas anécdotas que se me hace difícil mencionar una en particular, pero uno de los hechos que reafirmo mi decisión de hacer la obra de los relojes fue saber que el Subcomandante Marcos usaba dos relojes, uno en la mano derecha; que representa la sociedad civil, el tiempo de México y otro en la mano izquierda, una hora adelantado, con el tiempo de Chiapas, de la revolución del EZNL. Esta dicotomía que Marcos inventa en un acto poético-político, me pareció una señal para usar el reloj y el tiempo como analogía en la exposición.

M.L.M.: En la exposición haces referencia al «tiempo político» como disparador. Actualmente nuestra noción preconcebida de tiempo ha sido modificada por distintos factores sociales y políticos. ¿Qué re-lecturas o nuevos conceptos emergen en la obra desde la conyuntura actual?

I.G.: Creo que el tema del tiempo con todo lo abstracto que es, en el contexto actual se puede re-pensar desde la noción de ritmo y la relación biopolítica que conlleva el acto vital de respirar. Desde la afección directa del corona virus al ataque por parte de la policía a George Floyd hace unos días atrás. (esta entrevista se realizó con anterioridad a los disturbios sociales y manifestaciones desatadas por este crimen).

M.L.M.: La tarjeta de crédito como dispositivo conceptual es recurrente en tus trabajos anteriores. ¿Que significa para ti este elemento?


I.G.: En Chile la historia de las tarjetas de crédito es casi parte de su folklore moderno. Según el relato popular, desde su fraudulenta introducción al país por el actual presidente Sebastián Piñera. Piñera es parte de la segunda generación de los famosos Chicago Boys y para mi es la expresión hecha carne del espíritu neoliberal. La historia habla de una orden de detención en su contra a principios de los ochenta, por fraude contra el banco de Talca, una relación que comenzó desde asesorías hasta posicionarlo como socio del grupo de los dueños del banco. Una de las teorías es que fue desde este grupo de asesorías, que se le pide a Sebastian Piñera ir a investigar y traer el negocio de las tarjetas de crédito a Chile. Después de cambiar un contrato a su nombre en vez que al resto de la sociedad, el lograría la representación de Visa y Mastercard. Un par de años después se hace accionista de Bancard y otro años más dueño de la misma institución. Para fines de los ochentas Bancard tenía el trono en distribución de tarjetas de crédito en Chile. Fue en esta época donde Piñera crea FIncard, empresa que distribuiría MAGNA una tarjeta pensada para ser distribuida ampliamente en el sector popular , creando acceso a préstamos y así comienza de frentón la historia de la ideología financiera de la deuda en Chile. Ya que Chile es conocido como génesis e ícono del experimento neoliberal, pensé que usar el objeto cotidiano de la tarjeta de crédito era lo más tristemente chileno, para hablar de esa identidad dislocada de sujetos cuantificados que trae mi generación. Algo así como los falsos reales que hacía Cildo de Mereiles en los ochenta para Brasil.

M.L.M.: Desde tu campo de acción ¿Cuáles y cómo crees que serán los factores o elementos que influirán protagonicamente en el paisaje social post-pandemia? ¿Qué cambio crees inminente o cuál anhelas que así lo sea?

I.G.:No sé realmente por que no quiero darmelas de adivino. La verdad creo que el uso de la tecnología en estos meses ha demostrado ser una herramienta elemental y de doble filo. Por una parte positiva existe la comunicación y organización pero me preocupa la cuantificación de las personas y con esto una nueva relación con el espacio físico. He visto como Andrew Cuomo el gobernador de Nueva York ha puesto en duda la importancia de un espacio físico para la educación. (ayer impuso el primer toque de queda Nueva York, no había sucedido desde 1943) Pero al mismo tiempo dando mucha importancia al bienestar de tiendas de lujo y las instituciones que representan el poder financiero, a las que pocas personas pueden acceder. Todas las esferas de la economía regulan y usan estas herramientas, transformando la velocidad de casi todo. En fin creo que esta velocidad que estas instituciones usan y representan, afectan a los cuerpxs y quizás lo que afrontamos tiene que ver directamente con una economía colonialista-extractivista, basada en un aceleracionismo exponencial que no respeta el ritmo vital propio de las personas.